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divendres, 7 de març del 2014

El abismo entre ricos y pobres nunca había sido tan grande

Solidaire



El mundo nunca ha producido tanta riqueza como ahora. Si esta riqueza estuviera repartida de manera igual entre todos y en todo el mundo, una familia con tres hijos dispondría de unos ingresos de 2.870 euros al mes y de un patrimonio (ahorros, valor de la vivienda…) de 125.000 euros (1)

Nos referimos a todos los habitantes del planeta: africanos, asiáticos, europeos, estadounidenses, etc. 2.870 euros al mes y un patrimonio de 125.000 euros es algo sorprendentemente alto. En efecto, no es suficiente para vivir de forma lujosa, pero sí lo es para que todos los seres humanos dispongan de una vivienda confortable, de electricidad, de agua potable y de instalaciones sanitarias, y además con métodos ecológicos.

Por lo tanto, hay suficiente para que todo el mundo pueda tener una vida más que decente. Sin embargo, un ser humano de cada tres en el mundo no dispone de un dispositivo sanitario básico y uno de cada cuatro no tiene acceso a la electricidad. Uno de cada siete vive en un barrio de chabolas, uno de cada ocho tiene hambre y uno de cada nueve no tiene acceso al agua potable (2). Dicho de otra manera: con un reparto igual de la riqueza todo el mundo dispondría de 23 dólares al día. Y, sin embargo, 2.400 millones de personas tienen que vivir con menos de 2 dólares al día y 1.200 millones con menos de 1,25 dólares (3).

Por consiguiente, el problema no es que no haya suficiente riqueza, sino que la riqueza está repartida de forma escandalosamente desigual. Actualmente 85 personas poseen la misma cantidad que 3.600 millones de personas juntas (4). El 1% más rico posee la mitad de toda la riqueza del mundo, mientras que el 70% más pobre posee el 3% de esta. Cada uno de los más ricos posee una fortuna media de 1,6 millones de dólares, esto es, 700 veces más que la mayor parte de la población mundial (5).

La exorbitante cantidad de 32.000.000 millones de dólares están al abrigo de los paraísos fiscales(6). Esta cifra es 130 veces más de lo que se necesita anualmente para alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio (ODM) de las Naciones Unidas y erradicar la pobreza más grave del mundo. Nunca había sido tan grande y tan sangrante como en estos momentos el contraste entre lo que la economía mundial tiene para ofrecer y lo que proporciona en efecto para responder a las necesidades básicas.

Próspera Bélgica

En Bélgica, donde vivo, el ingreso medio disponible para una familia con dos hijos es de 8.000 euros al mes y el patrimonio medio de esta familia es nada menos que de 800.000 euros (7). Unas cifras que también parecen soprendentemente altas pero, de nuevo, se trata de cifras medias que ocultan un reparto extremadamente desigual.

Por una parte, un 1% de los belgas más ricos posee 40 veces más que el belga medio. Las diez familias más ricas de nuestro país disponen juntas de un patrimonio de 42.000 millones de euros, aproximadamente la misma cantidad que los dos millones de belgas más pobres. El patrimonio de las familias De Spoelberch, De Mévius y Vandamme corresponde exactamente al presupuesto total de la seguridad social de 2012 (8).

Por otra parte, un belga de cada cinco corre peligro de caer en la pobreza o en la exclusión social (9). Una familia con ingresos bajos de cada cinco tiene que aplazar la atención sanitaria por motivos financieros (10). No es en absoluto raro que haya personas que tengan que trabajar a un ritmo inhumano por apenas 1.300 euros al mes. Dada la enorme prosperidad de la riqueza de nuestro país, esto es inaceptable.

El abismo entre ricos y pobres en Bélgica nunca había sido tan grande y sigue aumentando. En los últimos veinte años los ingresos del 30% de personas más pobres han descendido un 10%, mientras que el porcentaje más rico ha visto aumentar sus ingresos un 30% (11). Durante este periodo se ha duplicado la cantidad de personas pobres (12). Esto es la consecuencia de dos elementos: primero, los subsidios y los salarios se han congelado o han aumentado menos despacio que la prosperidad; segundo, el capital se sigue beneficiando de ventajas fiscales. En los últimos treinta años la parte asalariada en el PNB (la riqueza nacional) ha descendido del 67 al 62%, mientras que la parte del capital casi se ha duplicado ya que ha pasado del 6 al 10% (13).

La crisis no es para todo el mundo

El gran malvado aquí es la crisis. En el capitalismo una crisis equivale a una enorme limpieza brutal y caótica de la economía. Inevitablemente lo pagan los trabajadores y las personas más débiles de la sociedad. En otras palabras, una crisis económica es un medio excelente para organizar una transferencia del trabajo al capital, de los pobres a los ricos. Las reducciones de salarios en la década de 1980 son un buen ejemplo de ello. Si hoy los salarios constituyeran una parte tan grande del PIB como en 1981, cada trabajador granaría unos 950 euros más al mes (14).

El crack financiero de 2008 es la repetición del mismo fenómeno. Solo en Europa han desaparecido cuatro millones de empleos a causa de la crisis (15). En el mundo se ha empujado a 64 millones de personas a la pobreza extrema (16). El abismo entre pobres y ricos ha aumentado en casi todos los países europeos y es particularmente fuerte en Irlanda y España (17). Europa cuenta actualmente con 120 millones de pobres y de 100 a 150 millones de personas viven sobre el filo de la navaja ¡Hablamos, por lo tanto, del 43 al 53% de la población! Además, ya no basta con tener un empleo. En Europa una persona que trabaja de cada diez vive actualmente por debajo del umbral de pobreza (18).

La política económica llevada a cabo desde 2008 ha causado verdaderos estragos, sobre todo en los países periféricos. Los ingresos medios tampoco se libran. En Italia el poder adquisitivo ha descendido un 12%, en España y Gran Bretaña (!), un 22%, y en Grecia, un 33% (19). En Portugal los salarios han descendido un 12% (20), en Grecia los salarios de los funcionarios se han desplomado un 35% (21). El 31% de los griegos vive hoy por debajo del umbral de pobreza y un 27% corre peligro de caer en esa situación (22). En España la pobreza podría llegar al 40% de aquí a 2022 (23).

También en Bélgica sigue aumentando la pobreza. Hoy en día en este país próspero 24.000 personas necesitan la ayuda alimentaria de Cruz Roja (24). El ritmo de este aumento ha sido menos rápido que en los países periféricos porque hemos estado 541 días sin gobierno y durante este periodo no se han podido decidir recortes. En segundo lugar, en nuestro país los sindicatos son más fuertes que en la mayoría de los países vecinos.

Para los super-ricos la crisis ha sido, en todo caso, una bendición. Nunca antes había habido tantos super-ricos (fortunas de más de 22 millones de euros) en el mundo. En Europa se han unido a la lista 4.500 personas, en Bélgica, 60 (25). Los “individuos muy ricos” (high-net-worth individual, con unos medios de inversión de más de un millón de dólares) han visto aumentar su riqueza al menos un 41% desde 2008 (26). A todas luces, la crisis no es para todos.

Una cuestión de civilización

Este abismo es un auténtico escándalo. Para el economista de reputación internacional Jeffrey Sachs, una redistribución fundamental de la riqueza es una cuestión de “civilización” (27). Pero también hay razones sociales, económicas e incluso políticas para emprender la lucha contra este abismo. En primer lugar, la desigualdad en un país provoca una serie de efectos nefastos. Acorta la vida de las personas, las hace más desgraciadas, aumenta la criminalidad, la cantidad de embarazos adolescentes y de adicciones a la droga, y estimula el consumo excesivo (28).

Económicamente, una gran desigualdad empeora la crisis puesto que los bajos ingresos significan menor poder adquisitivo, lo cual es nefasto para el consumo global y, por consiguiente, para las inversiones.

Hay un fuerte paralelismo entre nuestra época y la Gran Depresión de la década de 1930. Entre 1920 y 1928 el grupo del 5% de los más ricos aumentó del 24 al 33%. Un año después se produjo la explosión. En 1983 este grupo era el 22% y en 2008, el 33%, esto es, precisamente el nivel del año anterior al crack (29). Por el mismo motivo los recortes no son una buena idea. Aumentan el abismo y, por lo tanto, aumentan y empeoran la crisis. Aunque puede que este sea precisamente el objetivo (30).

Por último, un abismo demasiado grande entre ricos y pobres también genera un peligro político, más disimulado. La desigualdad económica cada vez mayor y el descenso de los ingresos bajos y medios suscita el descontento y la agitación en un amplio sector de la población. Según The Economist, al menos en 65 países existe una posibilidad entre alta y muy alta de agitación y de revuelta, comparable a las de la Primavera Árabe (31). Por lo tanto, no es sorprendente que en Davos la elite de los políticos, lo mismo que el presidente Obama y el director del FMI, empiecen a preocuparse verdaderamente (32).

Todavía no se han dado cuenta de que en este caso no se trata de un exceso o de un desbordamiento, sino de un error del sistema o de un defecto de construcción. Ya es hora de algo nuevo.

Anexo 1: Prioridades del capitalismo mundial (33)
  Anexo 2: Un mundo de diferencia: China y Cuba

A nivel mundial estos últimos veinte años asistimos a una fuerte disminución de la pobreza extrema (1,25 dólares). Sin embargo, en gran parte se ha debido a los esfuerzos de China en este aspecto (34). Semejante disminución generalizada de la pobreza, como es el caso de China, no tenía precedentes en la historia del mundo. En todo caso, esta disminución de la pobreza es consecuencia sobre todo de un fuerte aumento de los salarios. Por el momento el sueldo se duplica cada seis años (35). Por lo tanto, no es de extrañar que la cantidad de ingresos medios en China haya aumentado mucho. En veinte años al menos 800 millones de chinos han pasado a la categoría de “ingresos medios” (2-13 dólares). Esto equivale aproximadamente a toda la población del África negra y es casi cuatro veces más que la de India (36). El Índice de Desarrollo Humano (IDH) mide el progreso social de un país. En los últimos treinta años, el aumento del IDG de China ha sido el más alto de todo el mundo y tres veces superior a la media mundial (37).

En Cuba los ingresos por habitante son seis veces más bajos que en los países ricos. En efecto, el país padece el bloqueo más largo de la historia mundial. A pesar de ello, la atención sanitaria de Cuba es de las mejores del mundo. En Cuba nadie tiene que posponer una operación o el cuidado dental por falta de dinero. Ahí son gratuitos los cuidados médicos, las prótesis y otras intervenciones por las que tenemos que pagar en nuestros países. El país también tiene uno de los mejores resultados del mundo en la enseñanza. El porcentaje de adultos cubanos que hacen estudios superiores es el segundo más alto del mundo: el 95% (38). Esta cifra se debe al hecho de que la enseñanza, incluida la universidad, es completamente gratuita. En Cuba la capacidad adquisitiva no desempeña papel alguno a la hora hacer o no estudios (superiores). Globalmente, como país pobre, Cuba obtiene un índice de desarrollo social (HDI) comparable a Bélgica e incluso mejor que el de Gran Bretaña (39).


Notas [no aparecen en la versión francesa, las ha proporcionado el autor para su versión en castellano, N. de la t.]:

(1) El cálculo de ingresos de una familia media se basa en la hipótesis probable de que los ingresos de los hogares disponibles se elevan al 70% del PIB. En este caso, se utiliza aquí el Producto Bruto del Mundo (83.200.000 de dólares de PPA en 2012).
En algunos países es más del 70%, en otros menos. Así pues, para una familia media es 3.440 dólares de PPA. Esta cifra tiene en cuenta las diferencias de precio entre los países para los mismos productos o servicios, y expresa el poder adquisitivo real. Hemos convertido esta cifra en euros según el método de cálculo del Banco Mundial.  
http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_GDP_(PPP) http://stats.oecd.org/Index.aspx?datasetcode=SNA_TABLE4
El cálculo del patrimonio se basa en un informe reciente de Crédit Suisse. Según este informe, el patrimonio total del mundo (Household wealth) se eleva a 240.800.000 millones de dólares. Crédit Suisse, Global Wealth Report 2013, Zurich 2013,  

http://www.economywatch.com/economic-statistics/economic-indicators/GDP_Per_Capita_Current_Prices_National_Currency/ y http://www.spaargids.be/sparen/ing-bank-nieuws/financieel-vermogen-voor-het-eerst-boven-1-000-miljard-euro.html

(8) http://www.dewereldmorgen.be/artikels/2012/11/16/belgen-massaal-voor-vermogensbelasting

(9) http://www.armoedebestrijding.be/cijfers_aantal_armen.htm
(10)http://www.belgium.be/nl/nieuws/2012/news_jaarboek_2012_armoede.jsp http://www.brusselnieuws.be/artikels/stadsleven/armoede-schaadt-de-gezondheid

(11)http://www.demorgen.be/dm/nl/3324/Financiele-crisis/article/detail/1703090/2013/09/12/Een-op-de-vier-Europeanen-is-arm-in-2025.dhtml

(12) Hace veinte años este porcentaje fluctuaba entre el 6% y el 7%. Hoy el porcentaje ha ascendido hasta en 15%. http://www.forum.vierdewereldsyndicaat.org/index.php?topic=1171.0;wap2
(13)http://www.abvv.be/c/document_library/get_file?uuid=7f476cc4-902b-4d65-81fd-78cb5b19954e&groupId=10134 p. 17.

(14)http://www.pvda.be/weekblad/artikel/itinera-en-europese-unie-lossen-eerste-schot-in-komende-pensioenoorlog/print.html
(15) http://www.ft.com/intl/cms/s/0/5d529a46-fcbf-11de-bc51-00144feab49a.html

(16) http://siteresources.worldbank.org/EXTPREMNET/Resources/TDAT_Book.pdf, p. 261.

(17) En estos dos países el coeficiente de Gini ha aumentado 6 y 6,6 puntos respectivamente. En Bélgica aumentó un punto.   


(18) http://www.oxfamsol.be/nl/IMG/pdf/bp174-cautionary-tale-austerity-inequality-europe-120913-en.pdf p. 3; http://elpais.com/diario/2012/01/30/internacional/1327878004_850215.html

(19) http://www.ft.com/intl/cms/s/0/b31dd248-d785-11e2-a26a-00144feab7de.html#axzz2bH56ivNc

(20) http://www.ft.com/intl/cms/s/0/5c57aff8-0f37-11e3-ae66-00144feabdc0.html?siteedition=intl
(21)http://www.economist.com/news/europe/21565999-government-gets-its-latest-austerity-measures-through-only-just-toil-and-trouble

(22) http://www.theguardian.com/commentisfree/2013/feb/11/greece-humanitarian-crisis-eu

(23) http://www.intermonoxfam.org/es/sala-de-prensa/nota-de-prensa/espana-podria-alcanzar-18-millones-de-pobres-en-una-decada-si-se-manti

(24) http://ifrc.org/PageFiles/134339/1260300-Economic%20crisis%20Report_EN_LR.pdf p. 52.

(25) http://www.standaard.be/cnt/dmf20130912_00737534

(26) http://www.worldwealthreport.com/

dilluns, 17 de febrer del 2014

Economia social i solidària

Un nou model econòmic emergeix amb força al segle XXI, arreu del món. Cooperatives, finances ètiques, comerç just... experiències fins ara inconnexes s'estan integrant en l'economia social i solidària.

dimarts, 7 de gener del 2014

Més rendiment que Eurovegas

Un estudi indica que Barcelona faria un salt en autosuficiència alimentària si aprofités el potencial agrícola

TERRENYS AGRÍCOLES A L'ENTORN DE BARCELONA El Parc Agrari del Baix Llobregat és un dels terrenys analitzats en l'estudi de l'Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Els autors de l'estudi recorden que fins a unes 530 hectàrees del Parc Agrari estan actualment inutilitzades.
Si Sheldon Adelson hagués triat Barcelona per muntar-hi Eurovegas -tampoc es construirà a Alcorcón (Madrid)-, el complex hauria ocupat una àrea de 800 hectàrees del Baix Llobregat. Entre les crítiques que va rebre el projecte destacava la que feia referència a la destrucció de part del potencial agrícola d'aquesta comarca. Un estudi de l'Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), juntament amb altres centres, ha posat xifres al potencial, però ha anat més enllà i hi ha afegit el de la mateixa ciutat.

El treball apunta que hi ha 400 hectàrees -just la meitat del que havia de ser Eurovegas- entre conreus ara abandonats, cobertes d'edificis i naus industrials que es podrien utilitzar per a producció local. Barcelona podria fer un pas important cap a l'autosuficiència alimentària a través de l'horticultura en hivernacle, tant en sòl com en coberta. "Per elaborar l'estudi hem triat el tomàquet perquè és el segon vegetal més demanat, després de la patata, a Mercabarna", precisa Esther Sanyé, investigadora del grup de recerca SosteniPrA de l'ICTA-UAB que ha participat en la recerca. L'estudi mostra diferents escenaris. En el més moderat, el 5% d'aquestes 400 hectàrees desaprofitades podrien atendre un 11% de les necessitats de tomàquet per habitant de la ciutat. Però en l'escenari més optimista la producció podria arribar fins al 41%. Les xifres indiquen, per Sanyé, que "seria viable una agricultura urbana local d'una dimensió notable a Barcelona i els seus voltants".

Les 400 hectàrees potencials surten de sumar-ne 192 del Parc Agrari del Baix Llobregat, 112 a la Zona Franca i 95 al casc urbà de Barcelona. Pel que fa al Parc Agrari, els autors de l'estudi posen en relleu que unes 530 hectàrees estan actualment inutilitzades, però només se n'han comptat 192. Sanyé apunta que "en moltes d'aquestes hectàrees del parc els conreus es van abandonar fa més de cinc anys i les terres s'han renaturalitzat i no s'identifiquen com a viables per fer-les productives de manera immediata".
Els polígons de la Zona Franca amb naus molt extenses serien un altre espai idoni per ubicar-hi grans hivernacles. Se situarien a les cobertes, ja que és el tipus d'agricultura més productiva i més atractiva de cara al desenvolupament d'activitats de caràcter comercial. "A la ciutat de Nova York s'estan fent iniciatives d'aquest tipus i, si Barcelona les tirés endavant, seria pionera no només a Catalunya i a l'Estat sinó també a Europa", indica la investigadora. Passa el mateix en edificis d'habitatges, si bé aquí per raons d'espai la viabilitat econòmica sembla en principi més limitada. Actualment hi ha petits conreus en immobles dedicats al consum dels usuaris privats. Tendir cap a l'autosuficiència alimentària dels centres urbans planteja solucions a problemes concrets. Les ciutats són responsables del 80% de l'energia que es consumeix al planeta i del 60% de les emissions dels gasos que causen el canvi climàtic. Això s'explica perquè els centres urbans depenen de l'exterior per sobreviure en tots els aspectes, entre els quals el menjar. La globalització ha accentuat aquesta dinàmica.

Un 16% del Parc Agrari està buit
El Parc Agrari del Baix Llobregat, amb gairebé 3.000 hectàrees, és una de les zones d'agricultura periurbana més grans d'Europa. No obstant això, l'estudi ha posat en relleu que un 16% de l'espai està buit i moltes hectàrees es podrien utilitzar per als conreus. Però els gestors han identificat alguns obstacles per aprofitar-ne el potencial: l'especulació del sòl per la proximitat de les ciutats, l'alt preu de la terra, la competitivitat dels productors d'altres territoris i les limitacions del subministrament d'aigua pel clima. També hi ha una barrera social: la falta de continuïtat generacional de la feina agrícola.


dijous, 12 de desembre del 2013

Informe Observatorio DESC/PAH - Emergencia habitacional en España. Impactos de las ejecuciones hipotecarias en la infancia

Informe Observatorio DESC/PAH - Emergencia habitacional en España. Impactos de las ejecuciones hipotecarias en la infancia from Observatori DESC on Vimeo

El Observatori DESC en colaboración con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Barcelona presenta el informe (de ámbito estatal) "Emergencia habitacional en el estado español: la crisis de las ejecuciones hipotecarias y los desalojos desde una perspectiva de derechos humanos."

El 70% de las familias desalojadas tenían al menos un menor de edad a su cargo

Junto al estudio de la función del derecho a la vivienda digna y adecuada, y de la prohibición de los desalojos arbitrarios en el sistema constitucional español, el informe ofrece datos sobre la problemática a partir de 11.561 encuestas realizadas a personas afectadas que han contactado con la PAH en los últimos dos años.

observatoridesc.org
afectadosporlahipoteca.com

El informe se presentará el próximo martes 17 a las 11.00 y se podrá seguir por streaming.
bambuser.com/channel/LA_PAH
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dilluns, 11 de novembre del 2013

El autoconsumo se contagia de barrio a barrio

Pepa Gómez pepagomez@vlcnews.es - VLC News, 05/11/2013


La Malvarrosa propone un sistema alternativo que elimina intermediarios e impulsa el desarrollo rural
Cada vez más barrios se suben al carro de la producción comunal y el autoconsumo. Ecología y solidaridad son las palabras clave, marcados por un contexto económico que obliga a la reinvención. Un grupo de Autconsumo en la Malvarrosa, huertos urbanos en Benimaclet, cultivos en terrazas del Carmen, distribución de productos agrícolas en Patraix... todos, juntos y por separado, están lanzando un claro mensaje.

En Benimaclet cultivan huertos urbanos, en El Carmen extienden los pulmones verdes a las terrazas, en Patraix difunden alimentos ecológicos cultivados en terrenos valencianos, en Velluters aprovechan solares para crear vida y así lo persiguen los vecinos de Marítimo-Ayora... Y ahora vecinos de La Malvarrosa se suman a esta corriente solidaria, respetuosa con el medio ambiente y crítica con el contexto histórico y económico por el que los ciudadanos pasamos: nace una nueva fórmula bautizada grupo de Consumo Responsable.

"Somos un grupo de vecinos de la Malvarrosa interesados en poner en marcha un sistema de consumo alternativo, respetuoso con el medio ambiente, ecológico, sostenible, social, que fomente relaciones directas entre productores y consumidores, elimine intermediario, impulse el desarrollo rural de nuestro ámbito geográfico y consolide circuitos cortos de comercialización", reza su carta de presentación. Trabajarán al "amparo" de la asociación de vecinos Amics de la Malva, sirviéndose de su local para el desarrollo logístico.

Comienza el recorrido sondeando el interés vecinal para participar de esta innovación con la difusión de un formulario. Se pregunta a propósito del tipo de producto en el que los ciudadanos estarían interesados en producir, compartir, difundir y/o consumir (locales, ecológicos, de temporada, certificados..).

Además, como se trata de una iniciativa solidaria y comunitaria, se abre un espacio de colaboración mutua, se buscan personas que estén dispuestas a dedicar un par de horas semanales a la iniciativa de forma altruista. Fórmula que casa con otras actividades consolidadas ya en la ciudad como el Banco del Tiempo de Ruzafa o Fundación Red Sotenible y Creativa, entre otras.

Los barrios de la ciudad se muestran cada vez más comprometidos por potenciar la producción local y autóctona y facilitar a pie de calle la relación entre ciudadanos y el autoabastecimiento, sin intermediarios ni encarecimientos evitables. Con este mismo espíritu evolucionan los grupos de autoconsumo que pueden tener distintos modelos de asociación. La característica común es que se autogestionan, contactando con productores directamente, realizando pedidos esporádicamente y organizando el reparto.

El precio justo, la reducción de emisiones contamienantes (desde el cultivo al transporte, pasando por el embalaje) y estrechar lazos sociales eliminando las barreras de la competitividad y el enriquecimiento de terceros, son las claves.

Si las ciudades se hacen de ciudadanos, los de Valencia están emprendiendo un camino de conciencia y responsabilidad con el entorno y el vecino. Los barrios, desde las asociaciones de residentes y plataformas, están lanzando un claro mensaje. Valencia está preparándose para ser cada vez más autosuficiente.

dimarts, 29 d’octubre del 2013

Aliments no tan caducats

Jordi Jarque, 08/09/12 ES/La Vanguardia - radical.es
contra el desperdicio masivo de comida


La crisi fa que, cada cop més gent, que busquen els aliments que llencen els supermercats FRANCESC MELCION, ARA

Els organismes oficials constaten que es llença molt menjar. Tant, que l’Eurocambra ha proposat que el 2014 sigui proclamat any europeu contra el malbaratament d’aliments.

N’hi ha que sistemàticament llencen al cubell de les escombraries els aliments que se’ls han caducat. Però abans no arribin al consumidor final, pel camí ja s’ha rebutjat una quantitat prou important d’aquests aliments. Es podria pensar que és una excepció, però les dades no diuen el mateix. A Europa, 89 milions de tones d’aliments aniran a parar a les escombraries. En el cas d’Espanya són 7,7milions de tones d’aliments l’any, segons l’informe del Parlament Europeu de finals de l’any passat. És el sisè país europeu que rebutja més menjar. Tenen el dubtós honor d’encapçalar aquesta llista Alemanya, Holanda, França, Polònia i Itàlia.

Les xifres són prou alarmants perquè l’Eurocambra hagi proposat, el gener d’aquest any, que el 2014 sigui proclamat any europeu contra el malbaratament d’aliments. Segons aquest mateix informe, un20% d’aquests aliments es llencen perquè hi ha dubtes de quan caduquen. Als productes envasats apareix una data, i se sol donar per fet que un cop passada aquesta data val més desfer-se del producte. Però la data no sempre indica que l’aliment ha caducat. I en cas que sigui així, fins a quin punt és realment perillós menjar-se alguna cosa caducada? Per uns experts cal seguir estrictament les indicacions de caducitat dels aliments, mentre que d’altres matisen el significat de les dates que apareixen als productes.

Pot ser que el consumidor confongui la data de caducitat amb una altra indicació, la data de consum preferent. “Aquesta etiqueta es refereix més al fet que, després de la data indicada, les propietats nutricionals i organolèptiques d’aquest aliment no són les mateixes. Pot perdre gust, textura, color... però no hi ha un perill imminent de seguretat alimentària sempre que es compleixin les condicions de conservació”, aclareix Emilio Martínez de Victoria, director de l’Institut de Nutrició i Tecnologia dels Aliments de la Universitat de Granada. També ho corrobora Alfonso V. Carrascosa, cap del departament de microbiologia de l’Institut de Fermentacions Industrials del Consell Superior d’Investigacions Científiques (CSIC). “En principi, ingerir l’aliment no implica cap risc sanitari. El que passa és que, a partir de la data de consum preferent, pot ser que algunes característiques sensorials de l’aliment quedin afectades, com l’aroma, el color o l’olor. Però a priori menjar-se’l no serà nociu”.

El Centre d’Informació de la Conserva Enllaunada aclareix que la data del consum preferent “és, simplement, un període de temps (quatre, cinc anys) durant el qual es calcula que la conserva ha d’haver cobert normalment el cicle de comercialització i en el qual el fabricant s’assegura que tant l’olor i el gust com la textura es troben en l’estat més òptim, però això no vol pas dir que consumir-lo més endavant tingui cap efecte negatiu des del punt de vista sanitari o, fins i tot, sobre la textura o el gust del producte que conté”. I quan es tracta de la data de caducitat? Alfonso V. Carrascosa adverteix que el consumidor assumeix el risc d’ingerir un aliment en mal estat pel qual no podrà demanar responsabilitats a ningú. En el pitjor dels casos pot ser mortal, per bé que és excepcional. Segons l’Institut Nacional d’Estadística, a Espanya es produeixen poques morts per aquesta raó: dues persones l’any 2008, sis el 2009 i cinc el 2010, tot i que en general es produeixen 15.000 intoxicacions cada any per haver consumit aliments en mal estat. Ana María Cameán, catedràtica de Toxicologia, investigadoradel departament de Nutrició i Bromatologia, Toxicologia i Medicina Legal de la Universitat de Sevilla i membre del comitè científic de l’Agència Espanyola de Seguretat Alimentària i Nutrició, comenta que no només cal tenir present la data de caducitat dels aliments o la bona presència per determinar si consumim un aliment o no. La contaminació microbiana, fins i tot elevada, no s’ha de manifestar per força en el deteriorament de l’aliment.

Amb l’aparença no n’hi ha prou. En el cas d’una llauna, pot ser que no hagi caducat, però si ha rebut cops i es veu bombada o rovellada hi ha risc d’adquirir botulisme, una malaltia causada pel bacteri Clostridium botulinum. Pot desencadenar diarrees, nàusees, vòmits, dolors abdominals molt forts, dificultat per respirar i fins i tot visió doble. Hi ha més bacteris que poden causar problemes pel mal estat dels aliments, entre els quals trobem la salmonel·la, la shigella, l’E. coli o l’estafilococ. Ana María Cameán assenyala també que un dels problemes més grossos és controlar les substàncies tòxiques que formen part de l’aliment. És el que se’n diu toxicitat natural. Un dels exemples que posa són les lectines, un compost potencialment tòxic. Miguel Calvo, professor de Tecnologia dels Aliments de la Universitat de Saragossa, aclareix que tot i que hi ha lectines en tots els cereals i lleguminoses, “des del punt de vista de la ciència i la tecnologia dels aliments, les més importants són les de les mongetes i les faves, ja que poden donar lloc a intoxicacions si no es cuinen adequadament”. Miguel Calvo recorda que l’octubre del 2003 es va produir una intoxicació per lectines que va afectar uns 70 alumnes d’entre 6 i 11 anys d’una escola de Biscaia, que havien consumit puré de mongetes negres elaborat amb llegums mal cuinats, per un error a les instal·la-cions de la cuina. Aquest expert assenyala que per cuinar els llegums adequadament cal coure’ls.

I amb el peix i el marisc pot passar el mateix. Per exemple, la ciguatera és un tipus d’intoxicació produïda pel consum de peixos que contenen ciguatoxina. Perquè es produeixi la intoxicació cal que el peix hagi acumulat prou quantitat d’aquesta toxina. “Es tracta d’espècies grans, depredadores, que han anat acumulant la toxina aportada per altres espècies herbívores, pròpies dels esculls de corall”, segons recull un informe de la direcció general de Salut Pública del servei canari de la salut del Govern de les Canàries.

Arreu del món se’n produeixen uns 50.000 casos cada any, principalment en zones on és habitual menjar peixos d’escull: Austràlia, el Carib, sud de Florida i el Pacífic meridional. A Europa s’han descrit casos relacionats amb viatges a països caribenys o amb el consum de peixos exòtics en restaurants ètnics.

A Espanya no s’han descrit casos autòctons. De totes maneres, l’Agència Espanyola de Seguretat Alimentària i Nutrició és l’encarregada de controlar que els productes que es consumeixen siguin segurs. Però què passa quan les persones no segueixen les indicacions i mengen aliments caducats?

Jonathan Maitland, un periodista britànic, va voler cridar l’atenció fa quatre anys sobre la quantitat de menjar que es llença de seguida que l’aliment supera ladata de caducitat. I, com aquell qui res, aquest home va voler provar què passaria si menjava aliments caducats durant catorze dies, per a horror de la seva parella, temorosa dels trastorns o les malalties que poguessin afectar el seu estimat Jonathan. El primer dia va començar amb aliments que només superaven d’un dia la data de caducitat. Però el seu repte era anar augmentant els dies de caducitat del menjar que consumia a mesura que l’experiment anava avançant. Va passar de menjar ous que ja estaven caducats d’un dia fins a un bol de cereals Kellogg’s que ja feia tres mesos que estaven caducats, passant per carn picada caducada feia set dies i que havia passat de vermell intens a gris. També va menjar verdures envasades, pa, humus i tot el que li queia a les mans.

Aquest periodista en va sortir ben parat. No va tenir mal de panxa ni cap mena de molèstia. Durant l’experiment va conèixer persones que s’alimentaven exclusivament del menjar que es llença perquè ha superat la data de caducitat i empleats de grans cadenes de supermercats que tampoc no tenien objeccions a l’horade consumir aquests aliments. Es va sorprendre tant del resultat de la seva experiència, i tement que moltes altres persones poguessin imitar-lo però amb conseqüències per a la salut, que va decidir advertir posteriorment que desaconsellava passar per alt la data de caducitat a nens, dones embarassades, gent gran o qui estigui convalescent o malalt. La Food Standards Agency del Regne Unit (l’equivalent a l’agència espanyola que vetlla per la seguretat alimentària) també va voler pronunciar-se arran de la gesta de Jonathan Maitland, i el portaveu de l’entitat va descriure l’experiència com a molt arriscada. “És possible que li hagi anat bé després de consumir aquests productes caducats, però altres persones podrien haver-se posat greument malaltes. No som mainaderes de les persones. Els consells que donem sobre les dates de caducitat són només això: consells. Però es tracta de consells sustentats per estudis avalats per diversos grups de científics. Un experiment científic dut a terme per una sola persona és poc probable que sigui representatiu de la població en conjunt”. Sense arribar a aquests extrems, qui no ha pres productes lactis caducats? Un restaurador que s’estima més restar en l’anonimat confessa que la llet es pot prendre fins i tot dos mesos després de la data de consum sense cap risc. En cas que s’hagi fet malbé, l’olor ajudarà a prendre la decisió de rebutjar-la.

En qualsevol cas, per no malbaratar i no llençar tant menjar aconsella planificar la compra mínimament. I comparteix claus pràctiques, com ara no comprar abans de l’hora de menjar, perquè la tendència és emportar-se força més menjar del necessari. També comenta que un cop a casa, cal posar els productes més antics al davant dels armaris i de la nevera, per evitar descobrir una llauna perduda al fons amb la data sobrepassada, per exemple. Tampoc no està malament, de tant en tant, preparar un menú amb aliments que ja falta poc perquè caduquin, abans que arribi la data. I en cas que sobri menjar una cop cuinat, es pot congelar per consumir-lo més endavant. Val més fer porcions individuals segons les necessitats. I, en qualsevol cas, les sobralles sempre es poden fer servir de compost per adobar. Al Japó és una pràctica que va agafant força des de fa poc més de quatre anys, i conreen aliments frescos amb adob procedent de les sobralles de menjar. Tot i que n’hi ha que ho consideren poc higiènic, els promotors expliquen que és una opció ecològica i sostenible. L’empresa es diu Agri Gaia System i es dedica a convertir en adob les sobralles de menjar i els aliments caducats de més de mil establiments japonesos. Una part dels residus els fan servir per fabricar pinso per al bestiar, sobretot per a porcs i gallines, i amb el que sobra es fabrica fertilitzant per a camps de cultiu. En qualsevol cas, val més intentar comprar just el que necessitem perquè el menjar no se’ns faci malbé.

8-IX-12, Jordi Jarque, ES/lavanguardia

Ball de dates Quan els productes alimentaris superen les dates que consten a l’envàs, els retiren del circuit comercial. Tot i així, el Banc dels Aliments fa un any que aplica un programa de mediació entre cadenes de supermercats i entitats socials que actua als barris, on recuperen els aliments que han sortit del circuit comercial per oferir-los a les famílies més necessitades. No comporta un perill per a la seva salut? Antoni Sansalvadó, president del Banc dels Aliments, recorda que els darrers mesos han recaptat 40.000 quilos d’aquests aliments retirats de la venda pública perquè superen la data que consta a l’etiquetatge, i que estan en perfectes condicions per menjar-se’ls. Els experts aclareixen que hi ha dues menes de dates i que segons el reial decret 1334/1999 no es poden fer servir totes dues en un mateix producte. Una data és la de caducitat i l’altra és la de consum preferent. En aquest últim cas, la data no implica que l’aliment ja no es pugui consumir, sinó que no en garanteix tota la qualitat al consumidor. En canvi, la data de caducitat el que garanteix és que el producte es trobi en bon estat.

dijous, 18 de juliol del 2013

El fin del Crecimiento

por Richard Heinberg
Introducción: La nueva normalidad


La afirmación central de este artículo es tan simple como sorprendente: El crecimiento económico tal como lo hemos conocido ha terminado. El “crecimiento” así como se ha venido llamando, consiste en la expansión permanente de la economía global, con cada vez más personas atendidas, más dinero cambiando de manos, y mayores cantidades de energía y bienes materiales fluyendo a través de ellas.

La crisis económica que comenzó en 2007-2008 fue tan previsible como inevitable, y marca una ruptura permanente con respecto a las décadas anteriores, período durante el cual la mayoría de los economistas adoptó la visión irreal de que el crecimiento económico perpetuo es necesario, deseable, y además perfectamente posible de mantenerse en el tiempo. Pero en la actualidad ya han aparecido barreras infranqueables a dicha expansión económica, y estamos colisionando con dichas barreras.

Esto no quiere decir que los EE.UU. o el mundo entero nunca más verán otro trimestre o año de crecimiento respecto al trimestre o año anterior. Sin embargo, los golpes se hacen secuenciales y encadenados unos con otros, y la tendencia general de la economía (medida en términos de producción y consumo de bienes reales) estará al mismo nivel o en descenso, pero no en ascenso a partir de ahora.

Tampoco será imposible para cualquier región, nación o empresa continuar creciendo por un tiempo. En un análisis final, sin embargo, este crecimiento será conseguido a expensas de otras regiones, naciones o empresas. A partir de ahora, sólo un crecimiento relativo es posible: La economía mundial está jugando un juego de suma cero, con un premio cada vez más chico a repartirse entre los ganadores.

¿Por qué se acaba el Crecimiento?

Muchos analistas financieros apuntan hacia profundas anomalías internas de la economía, asumiendo que las amenazas inmediatas que impiden retomar la senda del crecimiento económico, son solamente los niveles sobreexcedidos e impagables de las deudas públicas y privadas, y el estallido de las burbujas inmobiliarias. La suposición general es que, con el tiempo, una vez que estos problemas puedan solucionarse, las tasas de crecimiento repuntarán nuevamente. Pero los analistas generalmente no toman en cuenta factores externos a la economía financiera, los que hacen que sea casi imposible la reanudación del crecimiento económico convencional. Esta no es una condición temporaria sino permanente.

Hay tres factores principales que claramente surgen en un contexto de crecimiento económico:

  • El agotamiento de importantes recursos, incluyendo combustibles fósiles y minerales. 
  • La proliferación de impactos ambientales como consecuencia de la extracción y uso de los recursos (incluyendo la quema de los combustibles fósiles), que con un efecto bola de nieve provocan aumentos de los costos de dichos impactos en sí mismos, más los esfuerzos para prevenirlos y mitigarlos. 
  • Las perturbaciones financieras causadas por la incapacidad de nuestros sistemas monetarios, bancarios y de inversiones, para ajustarse tanto a la escasez de recursos como al aumento de los costos ambientales, y su incapacidad para sostener los enormes volúmenes de deuda pública y privada que se generaron en las últimas dos décadas, dentro del contexto de una economía cada vez más restringida.

Más allá de la tendencia que tienen los economistas para enfocarse solamente en el último de estos tres factores, en los recientes años es posible apuntar literalmente hacia miles de eventos que ilustran cómo los tres factores interactúan y golpean a la puerta cada vez con más fuerza. Consideremos sólo uno: La catástrofe en el año 2010 de la Deepwater Horizon en el Golfo de México.

El hecho de que BP estuvo perforando para extraer petróleo en aguas profundas del Golfo de México muestra una tendencia global: Mientras que el mundo no está en peligro de quedarse sin petróleo en el corto plazo, ya hay muy poco petróleo que se encuentra en tierra, en áreas donde las perforaciones son más accesibles. Estas zonas han sido exploradas y sus ricos yacimientos de hidrocarburos se están agotando. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), en 2020 casi el 40% de la producción mundial de petróleo provendrá desde regiones de aguas profundas. Así como es difícil, peligroso y costoso operar una plataforma de perforación sobre un kilómetro o dos de agua del océano, es lo que la industria petrolera deberá hacer para continuar suministrando el producto. Y eso significa petróleo más caro.

Obviamente, los costos ambientales de la explosión y derrame provocado por la plataforma Deepwater Horizon han sido ruinosos. Ni los EE.UU. ni la industria petrolera pueden permitirse otro accidente de esa magnitud. Así que en 2010 el gobierno de Obama estableció una moratoria de perforación en aguas profundas del Golfo de México, mientras se legislan nuevas normas y regulaciones. Otros países también comenzaron a revisar sus propias reglamentaciones para la exploración petrolera en aguas profundas. Sin dudas que esto hará menos probable que en el futuro ocurran estos desastres, pero aumentan los costos de hacer negocios, y por lo tanto, el ya elevado costo del petróleo.

El accidente de la Deepwater Horizon también ilustra la reacción en cadena, y hasta qué punto los efectos del agotamiento y el daño ambiental han golpeado a las instituciones financieras. Las compañías de seguros se han visto obligadas a aumentar las primas en las operaciones de perforación en aguas profundas, y los impactos en las empresas pesqueras regionales han afectado duramente a la economía de la costa del Golfo. Mientras que los costos para la región han sido compensados en parte con pagos de BP, esos pagos obligaron a la compañía a reestructurarse, y el valor de sus acciones y rendimientos bursátiles se derrumbaron. Los problemas financieros de BP a su vez afectaron a los fondos de pensiones británicos que habían invertido en la empresa.

Este es sólo un evento, ciertamente uno espectacular. Si se tratara de un problema aislado la economía podría recuperarse y seguir adelante. Pero estamos y estaremos ante una galopante sucesión de desastres ambientales y económicos, no directamente relacionados entre sí, que obstaculizarán cada vez más el crecimiento económico. Esto incluye, aunque no está limitado a lo siguiente:

  • Cambio climático que provoca sequías, inundaciones e inclusive hambrunas en diversas regiones
  •  Escasez de agua y energía 
  • Quiebras bancarias, empresarias y ejecuciones hipotecarias  
Cada uno de estos problemas se suelen tratar como casos puntuales, cuestiones que deben resolverse para poder “volver a la normalidad”. Pero en última instancia todos están relacionados entre sí, pues son consecuencia de la creciente población humana que lucha por aumentar su nivel de consumo per cápita de los recursos limitados (incluyendo los no renovables como los combustibles fósiles que impactan sobre el clima), todo ello en un planeta finito y frágil.

Mientras tanto, el despropósito de varias décadas acumulando deuda, ha creado las condiciones para que se produzca la crisis financiera del siglo que ya vemos por todas partes, y que tiene el potencial en sí misma para generar gran inestabilidad política y miseria humana.

El resultado: Estamos viendo una tormenta perfecta de varias crisis convergentes, que en conjunto representan un hito en la historia de nuestra especie. Somos testigos y participantes de una transición desde décadas de crecimiento económico, hacia décadas de contracción económica.

¿Por qué el Crecimiento es tan importante?

Durante los últimos dos siglos, el crecimiento fue prácticamente el único índice de bienestar económico. Si la economía crecía había empleos y las inversiones daban altos rendimientos. Cuando la economía temporariamente paró de crecer, tal como ocurrió durante la “Gran Depresión”, se produjeron sangrías financieras.

A lo largo de este período, la población mundial se incrementó desde menos de dos mil millones de seres humanos en 1900, hasta casi siete mil millones hoy en día. Y estamos sumando alrededor de 70 millones de “nuevos consumidores” cada año. Esto hace que el crecimiento futuro sea algo más crucial aún: Si la economía se estanca, habrá menos bienes y servicios per capita para todos.

Nos hemos basado en el crecimiento económico para el “desarrollo” de las economías más pobres del mundo. Sin crecimiento, debemos asumir seriamente la posibilidad de que cientos (tal vez miles) de millones de personas, nunca alcanzarán ni siquiera una versión rudimentaria del estilo de vida consumista del cual disfrutan los habitantes de las naciones industrializadas.

Por último, hemos creado sistemas monetarios y financieros que requieren crecimiento. Cuando la economía crece, eso significa que hay disponible más dinero y más crédito. Las expectativas aumentan, la gente compra más y más productos, los negocios necesitan más préstamos, y los intereses sobre los préstamos pueden ser devueltos. Pero si no hay nuevas emisiones de moneda que ingresen al sistema, el interés sobre los préstamos existentes no puede ser devuelto. Como resultado se produce una bola de nieve de morosidad, se pierden empleos, disminuyen los ingresos, se restringen las contrataciones, lo cual a su vez hace que las empresas pidan menos préstamos, causando que menos cantidad de dinero ingrese en la economía. Esta situación es un bucle de realimentación destructivo, el cual es muy difícil de detener una vez que se pone en marcha.

En otras palabras, la economía no cuenta con una configuración “estable” o “neutral”: Solamente puede haber crecimiento o contracción. Y “contracción” es justamente una agradable manera de llamar a la “depresión”, es decir, un largo período de pérdidas de empleos en cascada, cierres, morosidad y quiebras. Nos hemos acostumbrado tanto al crecimiento, que es difícil recordar que en realidad es un fenómeno bastante reciente.

Durante los últimos milenios, así como los imperios se levantaban y caían, las economías también avanzaban y retrocedían. Pero la actividad económica global se expandía muy lentamente, y con retracciones periódicas. Sin embargo, con la revolución de los combustibles fósiles de los últimos dos siglos, hemos visto un crecimiento a una velocidad y escala sin precedentes en toda la historia de la humanidad. Hemos aprovechado la energía del carbón, el petróleo y el gas natural para construir y utilizar automóviles, camiones, autopistas, aeropuertos, aviones y redes eléctricas, todas componentes esenciales de la moderna sociedad industrial. A través de este proceso de única vez, al extraer y quemar cientos de millones de años de energía solar almacenada químicamente, hemos construido lo que por un breve y brillante momento parecía ser “la máquina del crecimiento perpetuo”. Tomamos lo que era en realidad una situación única y extraordinaria como algo permanente que dimos por sentado, y así llegó a ser “lo normal”.

Pero a medida que la era del petróleo abundante y barato llega a su fin, nuestros supuestos sobre una continua expansión están siendo sacudidos hasta la médula. Ciertamente, el final del crecimiento es algo muy pero muy grande. Esto significa el fin de una era, y de nuestra manera actual de organizar nuestra economía, nuestra política y la vida cotidiana. Sin crecimiento prácticamente vamos a tener que reinventar la vida humana sobre la Tierra.

Es esencial que reconozcamos y entendamos la significación de este momento histórico: De hecho hemos llegado al final de la era de la expansión económica alimentada por los combustibles fósiles, y los esfuerzos de los políticos para continuar persiguiendo el evasivo crecimiento, en verdad equivale a una fuga de la realidad. Si los líderes mundiales no están bien informados acerca de la situación actual, probablemente retrasarán la implantación de los servicios de apoyo que pueden posibilitar la supervivencia en una economía sin crecimiento, y seguramente luego fallarán cuando quieran hacer los imprescindibles cambios en los sistemas monetario, financiero, alimentario y de transportes.

Como resultado de ello, lo que pudiera ser un proceso doloroso pero soportable de adaptación, podría convertirse en la mayor tragedia de la historia. Podemos sobrevivir al final del crecimiento, pero sólo si reconocemos lo que significa y actuamos en consecuencia.

¿Pero no es normal el Crecimiento?

Las economías son sistemas, y como tales, al menos en cierta medida siguen reglas análogas a las que rigen a los sistemas biológicos. Las plantas y los animales tienden a crecer en forma rápida cuando son jóvenes, pero luego alcanzan un estado más o menos maduro y estable. En los organismos vivos, las tasas de crecimiento son en gran parte controladas por los genes, y también por la disponibilidad de alimentos.

En las economías, el crecimiento aparece ligado a la planificación económica, y también a la disponibilidad de recursos, sobre todo recursos energéticos (que es el alimento de los sistemas industriales), así como del crédito (el “oxígeno” de la economía).

Durante los siglos XIX y XX el acceso a los combustibles fósiles abundantes y baratos favorecieron una rápida expansión económica. Los planificadores de la economía comenzaron a aprovechar esta situación, y los sistemas financieros interpretaron las expectativas de crecimiento como una promesa de altos rendimiento para las inversiones.

Pero así como los organismos vivos dejan de crecer, las economías también deben hacerlo. Inclusive si los planificadores (equivalentes sociales del ADN regulador) dictaminan un mayor crecimiento, en algún punto cada vez habrá más cantidades de “alimento” y “oxígeno” que dejarán de estar disponibles. También es probable que los desechos industriales se acumulen hasta el punto de ahogar y envenenar a los sistemas biológicos que sostienen la actividad económica, tales como los bosques, los cultivos, y los cuerpos humanos.

Sin embargo, la mayoría de los economistas no ven las cosas de esta manera, posiblemente porque las actuales teorías económicas fueron formuladas durante el anómalo período histórico de crecimiento sostenido, el cual está ahora terminando. Los economistas nada más generalizan a partir de la experiencia: Ellos se apoyan en décadas de crecimiento sostenido del pasado reciente, y de manera muy simplista proyectan esa experiencia en el futuro. Por otra parte, poseen formas de explicar porqué las economías modernas de mercado son inmunes a los límites que restringen a los sistemas naturales: Las dos principales son la sustitución y la eficiencia.

Si un recurso útil se vuelve escaso su precio aumentará, y esto crea un incentivo para que los consumidores del recurso encuentren un sustituto. Por ejemplo, si el petróleo se vuelve demasiado caro, las empresas de energía podrían comenzar a fabricar combustibles líquidos a partir del carbón. O también podrían desarrollar otras fuentes de energía inimaginables hoy en día. Muchos economistas afirman que este proceso de sustitución puede continuar para siempre. Es parte de la magia del libre mercado.

Por su parte, el aumento de la eficiencia significa hacer más con menos. En EE.UU. la cantidad –ajustada por inflación– de dólares generada en la economía por cada unidad de energía consumida, se ha venido incrementando sostenidamente durante las últimas décadas. La cantidad de energía requerida en BTU para producir un dólar de PIB se redujo desde cerca de 20.000 BTU por dólar en 1949, hasta 8.500 en 2008. Parte de ese aumento de la eficiencia se ha producido como resultado de la externalización de la mano de obra en otros países, los cuales queman carbón, petróleo o gas natural para fabricar nuestros productos. Fabricando localmente nuestros zapatos y televisores LCD, estaríamos quemando esa energía localmente.

Los economistas también proponen otra forma de eficiencia que tiene menos relación con la energía, al menos directamente: La identificación de los procesos y fuentes de materiales más baratos, y los lugares donde los empleados son más productivos y aceptan trabajar por menor salario. A medida que aumentamos la eficiencia usamos menos energía, menos recursos, menos mano de obra y menos dinero para hacer más. Esto también permite un mayor crecimiento.

Encontrar sustitutos para recursos que se agotan y aumentar la eficiencia son sin lugar a dudas las estrategias de adaptación más eficaces de las economías de mercado. Sin embargo queda abierta la pregunta de cuánto tiempo podrán continuar funcionando dichas estrategias en el mundo real, que ha demostrado regirse más por las leyes de la física que por las teorías económicas.

En el mundo real algunas cosas no tienen sustitutos, o los sustitutos son demasiado caros, o no funcionan tan bien, o no pueden ser producidos con la suficiente celeridad. Y por su parte la eficiencia sigue una ley de rendimientos decrecientes: Los primeros intentos para aumentar la eficiencia suelen ser de bajo costo, pero cada posterior incremento tiende a ser más y más costoso, hasta que resultan prohibitivos.

En última instancia no se puede subcontratar más que el 100 por ciento de la fabricación, no se puede transportar productos con energía cero, y no podemos contar con la capacidad de compra de los trabajadores para adquirir nuestros productos si no les pagamos nada. A diferencia de la gran mayoría de los economistas, la gran mayoría de los científicos y los físicos reconocen que el crecimiento dentro de cualquier sistema acotado, tiene que detenerse en algún momento.

La simple matemática del crecimiento compuesto

En principio, la posibilidad de un eventual fin del crecimiento es un portazo en la cara. Si una cantidad de algo crece sostenidamente un cierto porcentaje fijo al año, esto implica que ese algo se duplicará en tamaño cada determinado número de años. Cuanto más alto el porcentaje de crecimiento, más rápido se duplicará. Un método bastante aproximado para calcular tiempos de duplicación es conocido como “la regla del setenta”. Dividiendo 70 por la tasa de crecimiento porcentual nos da el tiempo aproximado necesario para que la cantidad inicial se duplique. Por ejemplo, si cierta cantidad de algo está creciendo un 1% al año, se duplicará en 70 años. Con un 2% al año de crecimiento, se duplicará en 35 años. Con un 5% de crecimiento al año se duplicará en tan sólo 14 años, y así sucesivamente. Si pretendemos ser más precisos podemos usar la función exponencial de cualquier calculadora científica, pero la regla del setenta funciona bien para la mayoría de los casos.

Vamos con un ejemplo del mundo real: En los últimos dos siglos la población mundial creció a tasas que van desde menos del uno por ciento a más del dos por ciento por año. En 1800 la población del planeta era de aproximadamente mil millones. En 1930 se había duplicado a dos mil millones. Sólo 30 años más tarde, en 1960, se duplicó nuevamente a cuatro mil millones. En la actualidad estamos en carrera para duplicarnos otra vez y llegar a ser ocho mil millones de humanos alrededor del año 2025. Seriamente nadie espera que la población humana pueda continuar creciendo durante siglos en el futuro. Basta imaginar que si lo sigue haciendo a tan sólo un 1,3% por año (esa fue la tasa de crecimiento del año 2000), para el año 2780 habría nada menos que 148 billones de seres humanos en La Tierra. Una persona por cada metro cuadrado de suelo en la superficie del planeta. Por supuesto que tal cosa no va a suceder.

En la naturaleza, el crecimiento tarde o temprano siempre se da de narices contra ciertas restricciones que no son negociables. Si una especie encuentra que su fuente de alimentos se ha expandido, su número de individuos aumentará a partir de las calorías sobrantes, pero entonces luego esa fuente de alimentos comenzará a reducirse proporcionalmente a cuantas más bocas la consuman, y por su parte, sus predadores naturales también serán más numerosos (más sabrosa comida para ellos). Los florecimientos poblacionales caracterizados por períodos de rápido crecimiento siempre son seguidos por colapsos, hambrunas y muerte masiva. Siempre.

Aquí hay otro ejemplo del mundo real. En los últimos años la economía china ha venido creciendo tanto como un 8% o más por año. Eso significa que está duplicando su volumen cada diez años, o menos aún. De hecho, China consume más del doble del carbón que consumía hace una década. Lo mismo con el mineral de hierro y el petróleo. El país ahora tiene cuatro veces más autopistas de las que tenía entonces, y casi cinco veces más automóviles. ¿Cuánto tiempo puede seguir esto? ¿Cuántas duplicaciones más pueden ocurrir antes de que China haya utilizado todos sus recursos clave? ¿O acaso simplemente decidirán que ya ha sido suficiente y detengan voluntariamente el crecimiento? Estas preguntas son difíciles de responder con una fecha específica, pero debemos hacerlas.

La discusión tiene implicancias muy reales, porque la economía no es solamente un concepto abstracto. Es la que determina si vivimos en el lujo o la pobreza, si comemos o pasamos hambre. Cuando se detenga el crecimiento económico cada uno de nosotros recibirá el impacto, y serán necesarios varios años para que la sociedad se adapte a la nueva realidad. Por lo tanto, es muy importante saber si ese momento está a la vuelta de la esquina o distante en el tiempo.

El Fin del Crecimiento no debería ser una sorpresa

La idea de que el crecimiento se detendrá en algún momento de este siglo no es nada nueva. En 1972 un libro titulado “Los límites del crecimiento” fue noticia y se convirtió en el libro ambientalista más vendido de todos los tiempos.

Ese libro que se basó en uno de los primeros intentos de usar computadoras para modelar las probables interacciones entre la evolución de los recursos, el consumo y la población, fue también el primer estudio científico que intentó cuestionar el supuesto de que el crecimiento económico podía y debía ser permanente en el futuro.

La idea era una herejía en aquel momento, y todavía lo es. La noción de que el crecimiento no puede continuar y no continuará más allá de cierto punto resultó profundamente perturbadora para algunos sectores, y pronto “Los límites del crecimiento” fue desacreditado y ridiculizado por los interesados en los negocios pro-crecimiento. En realidad, aquella ridiculización sólo tomaba en cuenta algunos pocos datos completamente fuera de contexto del libro, citándolos como “predicciones”, cuando en forma explícita se decía que no lo eran, y luego remarcando que dichas predicciones habían fallado. El ardid fue denunciado rápidamente, pero las réplicas no suelen tener tanta publicidad como las acusaciones, y así hoy en día todavía hay millones de personas que creen erróneamente que el libro quedó desacreditado hace tiempo. De hecho, los escenarios originales del libro han demostrado ser bastante acertados.

Los autores cargaron los datos del crecimiento de la población mundial, las tendencias de consumo, y la disponibilidad de varios recursos importantes. Hicieron correr el programa informático que habían desarrollado, y llegaron a la conclusión de que el fin del crecimiento probablemente ocurriría entre los años 2010 y 2050. Luego la producción industrial y de alimentos se derrumbaría, determinando una disminución de la población.

Esos escenarios estudiados en “Los límites del crecimiento” han sido nuevamente analizados y comprobados en forma reiterada desde la publicación original, usando ahora software más sofisticado y datos basados en información actualizada. Los resultados han sido similares en todos los intentos, y recientemente se publicó una nueva versión del libro llamada “Los límites del crecimiento: Actualización a 30 años”.

El escenario del Pico del Petróleo

Tal como se ha mencionado, el crecimiento finalizó debido a la convergencia de tres factores: Agotamiento de recursos, impactos ambientales y fracaso sistémico monetario-financiero. Sin embargo, una sola cuestión puede estar jugando un rol clave y determinante para el final de la era de la expansión. Ese asunto es el petróleo.

El petróleo tiene un lugar crucial en el mundo moderno. En el transporte, la agricultura, los químicos y los materiales industriales. La Revolución Industrial fue en realidad la revolución de los combustibles fósiles, y el fenómeno entero del persistente crecimiento económico (incluyendo el desarrollo de las instituciones financieras que han facilitado el crecimiento, tales como las reservas bancarias fraccionales), ha sido basado siempre en última instancia en los suministros cada vez mayores de energía barata. El crecimiento requiere más producción, más comercio y más transporte, y todo en su conjunto requiere más energía. Esto significa que si los suministros de energía no se pueden expandir, y la energía por lo tanto se vuelve significativamente más cara, el crecimiento económico fallará, y los sistemas financieros diseñados sobre las expectativas de un crecimiento perpetuo también fallarán.

Ya en 1998 los geólogos petroleros Colin Campbell y Jean Laherrère discutían un escenario del Pico del Petróleo que se tornó real. Ellos teorizaron que, en algún momento alrededor del año 2010, el estancamiento o el declive de los suministros de petróleo podrían provocar un aumento y volatilización de los precios del crudo, y que tal cosa precipitaría un colapso económico global.

Esa rápida contracción económica, a su vez daría lugar a una considerable reducción de la demanda de energía, de manera que los precios tenderían a bajar. Pero tan pronto como la economía pudiera volver a recuperar fuerzas, la demanda presionaría nuevamente al petróleo con consecuencias de nuevos aumentos en los precios, y a resultado de ello la economía sufriría una nueva recaída. Este ciclo es continuo, con cada fase de recuperación siendo más corta y más débil, y cada caída más profunda y más dura, hasta que la economía quede en ruinas. Los sistemas financieros así basados en el supuesto de un crecimiento continuo implosionarían, causando más estragos sociales que las trepadas del precio del petróleo.

Mientras tanto, los precios volátiles y vaivenes del petróleo frustrarían las inversiones en sistemas de energía renovable: Un año el petróleo sería tan caro que casi cualquier otra fuente de energía se presentaría como más conveniente por comparación; al año siguiente, el precio del petróleo habría caído tanto como para que los usuarios vuelvan a basarse en él, restándole sentido a las inversiones en otras fuentes de energía. Pero como los bajos precios desalentarían las exploraciones en busca de más petróleo, surgen así nuevos episodios de escasez más turbulentos que los anteriores. Los capitales de inversión también podrían ser escasos, dado que los bancos serían insolventes debido a la crisis financiera permanente, y los gobiernos caerían por la disminución de los ingresos fiscales. Al mismo tiempo la competencia internacional por la disminución de los suministros de petróleo podría provocar guerras entre países importadores, entre importadores y exportadores, y entre facciones rivales dentro de países exportadores.

En los años siguientes a la publicación inicial de Campbell y Laherrère, muchos expertos afirmaron que las nuevas tecnologías para la extracción de petróleo crudo iban a aumentar la cantidad del suministro que puede ser obtenido de cada pozo perforado, y que las enormes reservas de recursos en hidrocarburos alternativos (principalmente arenas alquitranadas y esquistos bituminosos) serían desarrolladas para reemplazar sin problemas al petróleo convencional, lo que retrasaría por décadas el inevitable pico. También hubo quienes dijeron que el Pico del Petróleo no sería un gran problema, inclusive si ocurriera pronto, pues el mercado podía encontrar otras fuentes de energía y opciones de transporte tan rápido como fuera necesario, sean automóviles eléctricos, de hidrógeno, o nuevos combustibles líquidos fabricados a partir del carbón.

En los años siguientes, los acontecimientos pusieron de manifiesto tanto la validez de la tesis del Pico del Petróleo, como la subvaloración de los optimistas. Los precios del crudo presentaron una marcada tendencia cuesta arriba y por razones completamente previsibles: El descubrimiento de nuevos yacimientos continuaba disminuyendo, y la explotación de la mayoría de los nuevos pozos era mucho más difícil y costosa que los descubiertos en años anteriores. Más y más países productores de petróleo llegaron a su pico de extracción y comenzaron a declinar, a pesar de los esfuerzos por mantener el crecimiento de la producción usando costosos métodos altamente tecnificados para la extracción secundaria y terciaria, tales como la inyección de agua, nitrógeno o dióxido de carbono, para forzar que una mayor cantidad de crudo salga de la tierra. Así se aceleraron las tasas de declinación de la producción en los yacimientos gigantes más antiguos del mundo, que eran los responsables de la parte del león en el suministro global de petróleo. La producción de combustibles líquidos a partir de las arenas alquitranadas comenzó a expandirse lentamente, mientras que el desarrollo de los esquistos bituminosos continúa siendo una vaga promesa para el futuro lejano.

De la teoría del miedo a una realidad que da miedo

En 2008 el escenario del Pico del Petróleo se convirtió en algo demasiado real. La producción global de petróleo permaneció estancada desde 2005, y los precios se mantuvieron en alza. En Julio de 2008 el precio del barril se disparó hasta los 150 dólares, superando en valores ajustados por inflación a los precios alcanzados en los años 70, que habían provocado la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. En ese verano (boreal) de 2008, la industria automotriz, la industria del transporte, los embarques internacionales, la agricultura y las compañías aéreas estaban tambaleando.

Pero lo que sucedió después impactó en la atención del mundo a tal punto que el alza del precio del petróleo pasó a segundo plano. En Septiembre de 2008, el sistema financiero global estuvo cercano al colapso. Las razones para que esta repentina crisis sucediera, aparentemente tenían que ver con las burbujas inmobiliarias, la falta de una adecuada regulación en el sistema bancario, y el abuso de bizarros productos financieros incomprensibles. Sin embargo, y pese a que fue largamente ignorado, el alza del precio del petróleo ha jugado un papel crítico en el inicio de la debacle (Ver el artículo: Recesión temporaria o fin del crecimiento).

En las inmediatas consecuencias de esa crisis financiera global casi fulminante, los escenarios tanto de la teoría del Pico del Petróleo propuesto una década antes, igual que el del libro “Los límites del crecimiento” de 1972, ambos demostraron confirmarse con una precisión tan asombrosa como aterradora. El comercio global se derrumbaba. Las mayores industrias automotrices del mundo requerían ayuda estatal para sobrevivir. Las empresas aerocomerciales de los EE.UU. se redujeron una cuarta parte. Los disturbios por falta de alimento hicieron erupción en los países pobres alrededor del mundo. La guerra persistente en Irak, el país con las segundas mayores reservas de petróleo crudo del planeta, y en Afganistán, un sitio estratégico disputado para diversos proyectos de oleoductos y gasoductos, continuó provocando una sangría en las arcas de las naciones más dependientes de la importación de recursos petroleros.

Mientras tanto, el debate sobre qué hacer para frenar el cambio climático global, pone de manifiesto la inercia política que ha mantenido al mundo camino a la catástrofe desde principios de los años 70. Para cualquier persona con un modesto nivel de educación o inteligencia, ya se ha convertido en algo obvio que el planeta hoy tiene dos urgentes e indiscutibles razones para detener cuanto antes la dependencia de los combustibles fósiles: La doble amenaza de una catástrofe climática más la inminente restricción al suministro de combustibles. Sin embargo, en la Conferencia del Cambio Climático de Copenhague de Diciembre 2009, las prioridades de los países más dependientes del combustible fósil fueron claras: Las emisiones de carbono deberían ser reducidas, la dependencia de los combustibles también, pero solamente si ello no pone en peligro el crecimiento económico.

El componente financiero de la contracción económica

Si bien los límites de los recursos y los desastres ambientales ya venían poniéndole plazo de caducidad al crecimiento, a los ciudadanos comunes el dolor se le hace más palpable cuando de una u otra forma lo transitan en forma directa mediante la propia experiencia: Pérdida de empleos y colapso del sistema hipotecario.

Tal como se puede ver en los capítulos 1 y 2 de este libro, las expectativas de crecimiento continuo de las últimas décadas se han trasladado al presente bajo la forma de una enorme masa de deudas, tanto de los consumidores como de los gobiernos. Los ciudadanos norteamericanos ya no se hacían ricos inventando nuevas tecnologías y fabricando productos de consumo, sino nada más comprando y vendiendo casas, moviendo dinero desde unas cuentas de inversión hacia otras, o cobrándose honorarios entre ellos.

Cuando comenzó el nuevo siglo, la economía mundial empezó a tambalearse al ritmo de los estallidos de una burbuja tras otra: La burbuja de las economías emergentes del sudeste asiático, la burbuja de las “punto-com”, la burbuja inmobiliaria. Todos sabíamos que ellas finalmente podían explotar, tal como cualquier burbuja siempre lo hace, pero los inversores “inteligentes” planeaban meterse en ellas tempranamente, y salir con suficiente anticipación como para obtener grandes beneficios y escaparle al previsible desenlace caótico.

En los frenéticos días desde el año 2002 al 2006, millones de estadounidenses llegaron a creer que la constante alza en los valores inmobiliarios podía llegar a ser su fuente de ingresos, convirtiendo sus propiedades en “cajeros automáticos” (una frase muy popular escuchada por entonces). Mientras los precios seguían subiendo, los propietarios se sentían entusiasmados para pedir más préstamos y remodelar una cocina o el baño, y los bancos se sentían cómodos ofreciendo más y más créditos. Al mismo tiempo, los magos de Wall Street encontraban nuevas maneras de disfrazar esas hipotecas de alto riesgo como atractivas inversiones en obligaciones de deuda respaldadas, que podían ser empaquetadas, catalogadas y vendidas como “títulos premium” a inversores preferenciales, con muy bajo o nulo riesgo para ellos. Después de todo, los valores inmobiliarios estaban siempre destinados a crecer y crecer. “Dios no está haciendo más tierras” era la muletilla que repetían.

Los créditos y las deudas se expandieron entonces al ritmo de la euforia del dinero fácil. Todo aquel optimismo vertiginoso llevó a un crecimiento inusual de empleos en la construcción y los bienes raíces, enmascarando los quebrantos subyacentes y las pérdidas de empleo en el sector productivo.

Unos pocos expertos financieros sensatos usaron términos tales como “castillos de naipes” y “polvorín” para describir la situación. Todo lo que se necesitaba metafóricamente era una tenue brisa o una pequeña chispa para producir un resultado catastrófico. Puede afirmarse que el alza de los precios del petróleo a mediados de 2008 fue más que suficiente para disparar los fuegos artificiales.

Pero la burbuja inmobiliaria fue en sí misma nada más que un fusible de mayor envergadura: En realidad, el sistema económico entero dependía de las expectativas irrealizables del crecimiento perpetuo y pudo volar entero por los aires. El dinero estaba atado al crédito, y el crédito estaba atado a la suposición de dar por sentado el crecimiento. Cuando el crecimiento se detuvo en 2008, comenzó la reacción en cadena de morosidad, incumplimientos y quiebras. Era una explosión en cámara lenta.

Desde entonces, el esfuerzo de los gobiernos se ha dirigido a tratar de hacer arrancar nuevamente el crecimiento. Pero de manera muy limitada, dichos esfuerzos tuvieron un éxito temporario recién a finales de 2009 y principios de 2010, enmascarando la contradicción subyacente en el corazón de la economía: la suposición de que podemos contar con un crecimiento infinito en un planeta finito.

¿Qué viene después del Crecimiento?

Llegar a comprender que hemos arribado a un punto en el que el crecimiento ya no puede continuar, sin dudas es algo deprimente. Pero una vez que hemos atravesado ese obstáculo psicológico, es una noticia moderadamente buena.

No todos los economistas cayeron en la trampa de creer que el crecimiento seguiría por siempre. Hay escuelas de pensamiento económico que reconocen los límites de la naturaleza, y al mismo tiempo, esas personas y escuelas han sido ampliamente marginadas en los círculos políticos, pero también han desarrollado planes potencialmente útiles que pueden ayudar a la sociedad para adaptarse.

Los factores básicos que inevitablemente reemplazarán a la economía del crecimiento son conocidos. Para sobrevivir y prosperar durante largo tiempo, las sociedades tienen que manejarse dentro de un presupuesto planetario sostenible respecto de los recursos extractivos. Esto significa que, aunque no conozcamos en detalle cómo será la economía del post-crecimiento y el nuevo estilo de vida, sabemos lo suficiente para comenzar a trabajar en dicha dirección.

Debemos convencernos a nosotros mismos que la vida en una economía sin crecimiento puede ser plena, interesante y segura. La ausencia de crecimiento no necesariamente implica falta de progreso. Dentro de una economía de no-crecimiento o equilibrio igual puede existir el desarrollo continuo de habilidades prácticas, expresiones artísticas, y ciertos tipos de tecnologías. De hecho, algunos historiadores y sociólogos sostienen que la calidad de vida en una economía del equilibrio puede ser superior que en una economía de rápido crecimiento: Mientras que el crecimiento crea oportunidades para algunos, típicamente también intensifica la competencia, hay grandes ganadores y grandes perdedores, y tal como sucede en las ciudades gigantescas, la calidad de vida y las relaciones humanas sufren las consecuencias.

Dentro de una economía de no-crecimiento es posible maximizar beneficios y reducir los factores que llevan a la decadencia, pero hacerlo requiere la búsqueda de objetivos adecuados: En lugar de “más” debemos esmerarnos por “mejor”. En vez de promover una mayor actividad económica porque sí, hay que hacer hincapié en aquello que aumenta la calidad de vida sin empujar hacia el consumo. Una forma de hacer esto es reinventar y redefinir el crecimiento como tal.

Es inevitable la transición hacia una economía del no-crecimiento, o más bien hacia una economía en la cual el crecimiento sea definido de una manera fundamentalmente diferente. Pero nos irá mucho mejor si la planificamos, en lugar de limitarnos a contemplar perplejos cómo empiezan a fallar las instituciones de las que dependemos, para luego tratar de improvisar una estrategia de supervivencia ante su retirada.

En efecto, tenemos que crear una “nueva normalidad” deseable, que se ajuste a las restricciones impuestas por el agotamiento de los recursos naturales. Aferrarnos a la “vieja normalidad” no es una opción. Si no encontramos nuevas metas para nosotros mismos y planificamos nuestra transición desde una economía basada en el crecimiento, hacia otra economía saludable del equilibrio, estaremos creando por omisión una “nueva normalidad” mucho menos deseable, algunas de cuyas manifestaciones ya estamos empezando a ver, bajo las formas de altas y persistentes tasas de desempleo, aumento de la brecha entre ricos y pobres, crisis ambientales, y cada vez peores y más frecuentes crisis financieras, todo lo cual se traduce en profundos niveles de angustia para los individuos, las familias y las comunidades.

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