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dimecres, 22 de juliol del 2015

VOLT II - 2015

Quina resposta donem des de la sobirania energètica popular?

Volt II: Un repte als grans projectes energètics
Del 9 al 12 d'octubre de 2015

Barcelona - Castellar del Vallès - Sallent - Balsareny - Graus - Sabiñánigo

Inscriu-te ja a http://xse.cat/


diumenge, 6 de juliol del 2014

«Última llamada»

El Manifiesto

Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización

Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.

— En diversos lugares de la Península Ibérica y sus islas, y en el verano de 2014.


diumenge, 2 de febrer del 2014

Antonio Turiel: "El curso concreto del futuro dependerá por completo de nuestras acciones"

la calamanda, 31/01/14

“Se puede especular sobre cuándo exactamente llegará el declive productivo de tal o cual materia prima, pero es indudable que llegará, y más pronto que tarde” 



alícia coscollano


Cuando Antonio Turiel era un adolescente dudaba entre cursar estudios de Ingeniería o de Ciencias. Al final se decantó por estos últimos, como él explica, “puesto que encontraba más satisfactorio intentar entender la Naturaleza que entender cómo funcionaban los dispositivos de los hombres para aprovecharse de la Naturaleza”. Turiel encontró la motivación que le impulsó a continuar estudiando e investigando, entre otros factores, gracias a maestros que “me transmitían amor por sus disciplinas, la fascinación por lo desconocido, el ansia de saber más..”. Para este físico y matemático que desarrolla su investigación en el Institut de Ciències del Mar de Barcelona (CSIC), el universo científico continua siendo un lugar fascinante, “la Ciencia ha sido para mí una fuente de desafíos y de sorpresas, y aún hoy me maravillo cuando descubro algo nuevo, una nueva pieza del inmenso rompecabezas”.


¿Qué es lo que te ha aportado la ciencia? ¿Qué nivel de satisfacción?

La Ciencia te cambia; cambia tu manera de pensar, te hacer ser crítico con todo, no sólo con tu campo de trabajo sino con toda la realidad. Y en cuanto levantas los ojos de tu experimento en el laboratorio o de la pantalla de tu ordenador y miras a tu alrededor, a nivel ecosistémico, ambiental, de recursos, de distribución de la riqueza... La primera vez que lo haces piensas: “no puede ser que seamos tan necios; me he debido equivocar al valorar las cosas”. Las reexaminas y ves que las cosas son peores de lo que a primera vista te pareció. Y eso te hace ser cada vez más crítico y en un momento decides dar un paso más allá y divulgar, lo más objetivamente posible, la realidad de lo que está pasando.

¿Se puede ser consciente, asumir la situación y continuar siendo una persona feliz?

¿Se puede ser feliz a pesar de conocer tan bien el pésimo estado de las cosas y la enorme inercia social que se opone a cambiar este rumbo hacia el desastre? La felicidad es un estado interior, que se basa en pequeñas cosas, en pequeñas satisfacciones por pequeños grandes logros. La felicidad es la cara de alegría de mi hijo cuando completa un puzzle, o la de mi hija cuando saca un diez en un dictado; es publicar ese artículo científico que tanto te ha costado sacar adelante o asistir a la defensa de tesis de tu estudiante; es estrechar las manos de la gente que te agradece el esfuerzo de divulgación que haces, o comprobar, algunas raras veces, que tu trabajo tiene repercusión y que consigues cambiar, aunque sólo sea un poquito, algunas cosas. La felicidad no reside en nada material y por eso, a pesar de lo dramático de la situación actual, si uno sabe que lo que persigue es justo puede ser, a despecho de todo, feliz.

¿Tenemos una visión cortoplacista respecto a la crisis que estamos viviendo?

Nuestro sistema económico se basa, siempre, en el corto plazo, no sólo en referencia a la crisis que estamos viviendo: siempre. Un gestor de fondos sabe que en sus resultados semestrales tiene que conseguir un rendimiento del 5 o del 10%, y que si falla dos semestres seguidos se va a la calle. Un gestor político tiene 4 años para intentar sacar adelante su programa, e inevitablemente la tensión por ser reelegido mediatiza su trabajo durante todo el mandato. La economía tiene que crecer siempre para generar empleo, y en ese empeño imposible de mantener indefinidamente se sacrifica lo que sea, por tal de apretar más y más el acelerador. El cortoplacismo domina todas las decisiones importantes de nuestra sociedad, siempre, así que no es de extrañar que delante de una crisis sistémica como la actual se aplique exactamente la misma receta.

¿Un cambio de modelo económico-energético puede ocasionar muchas bajas?

Depende de a qué modelo se quiera cambiar y de qué manera se quiera hacer el cambio. También cabría plantearse si no intentar implementar ningún cambio no ocasionaría muchas más bajas. En todo caso, yo abogo por un cambio evolutivo, intentando evitar una revuelta a la que, por desgracia, por la inacción delante de los problemas tan serios a los que nos enfrentamos, parecemos cada día más abocados.

Hay quien dice que ya estamos inmersos en la era tecnológica, y que causará tantos estragos como cualquier cambio de etapa vivido anteriormente.

No, yo no creo eso. En realidad se puede vivir mucho más modestamente sin grandes traumas reales; cuando yo nací (1970) la vida era mucho más modesta y éramos felices, posiblemente más que ahora. Pero es que además no tenemos por qué renunciar a toda la tecnología: en realidad a lo que no nos queda más remedio que renunciar (porque no hay recursos para ello, más que nada) es a este nivel de consumo, no de tecnología.

Y, ¿después del petróleo, qué? Apuntas al carbón como a posible fuente de energía. ¿Cómo podrá mitigarse su efecto altamente contaminante? ¿O no se mitigará, directamente?

El petróleo no se va a acabar mañana, ni tampoco dentro de 100 años; lo que pasará con el petróleo, como pasará también algo más tarde con el uranio, el gas natural y el carbón, es que cada vez tendremos menos a nuestra disposición cada año que pase. Durante un tiempo el carbón tomará el relevo del petróleo sin poder cubrir enteramente el progresivamente creciente vacío que éste dejará detrás, pero el carbón también comenzará a declinar inexorablemente, probablemente en una década a partir de ahora. Por tanto, se tiene que tener en cuenta que el carbón es sólo una estrategia de medio plazo (unas décadas, hasta que su propio declive sea tan acusado que los problemas sean graves) para preparar una verdadera transición a un nuevo modelo energético y por ende económico. El problema, por supuesto, es que el carbón es aún más contaminante que el petróleo, y que en todo caso el Medio Ambiente en general y el clima en particular ya están demasiado afectados por el consumo desaforado del siglo XX y no tenemos demasiado margen de maniobra para intentar prolongar inútilmente la agonía de nuestro actual sistema económico. Nos hacen falta alternativas, que tienen que ser consensuadas por toda la sociedad, que deben ser aceptadas por todos, desde el presidente de la gran compañía hasta el más humilde trabajador, y poner manos a la obra.

Resulta incomprensible que no se impulsen energías renovables si ya queda constatado que estamos situados en el peak-oil. Parece que no se le da mucha importancia mientras existan técnicas por impulsar como el fracking. Aunque se sepa que resultan muy dañinas.

Quizá es más comprensible si uno estudia bien lo que los sistemas de producción renovable de los que hablamos pueden realmente aportar. Y aunque la energía renovable es sin duda la única de la que dispondremos en el largo plazo deberíamos de saber, y decirlo claramente, que nunca van a aportar tanta energía como la que hoy en día nos proporcionan los combustibles fósiles y el uranio; como mucho, podrán aportar entre el 10 y el 15% de la energía total que consumimos (conviene insistir que hablamos del total de la energía y no de la energía específicamente eléctrica: en España la energía eléctrica representa el 21% de toda la energía final, y a nivel del mundo es sólo el 10% del total). El intento de algunos grupos de promocionar las energías renovables como único camino hacia un mundo sostenible les lleva a exagerar su potencial real, y eso es contraproducente porque desde una perspectiva de inversor lo que interesa es el rendimiento de la inversión, que en el caso de las renovables siempre es escaso; no es de extrañar, por tanto, que en general la inversión en renovables en todo el mundo sean muy modestas en comparación con la inversión en hidrocarburos (en España, además, la regulación del sector favorece de manera descarada los intereses de los grandes productores d electricidad). Pero, insistamos: la mayoría de la energía que consumimos lo hacemos en modo no eléctrico, electrificar muchos de esos consumos es de difícil a imposible, y en todo caso el potencial renovable no llega a los altísimos niveles de consumo actuales. Pero no pasa nada: no necesitamos consumir tanta energía; no, si abandonamos un sistema económico que necesita del crecimiento infinito, lo cual debería ser siempre el primer peso.

En cuanto al fracking, obviamente estamos hablando aquí de rebañar el plato, de un desesperado intento de mantener el status quo actual, en vano. El rendimiento del fracking es muy bajo, dado que estamos hablando de explotar un recurso de muy baja calidad (muy disperso y difícil de extraer). La única razón por la que se está intentando es por mantener la actual sociedad basada en los hidrocarburos dado que una sociedad basada en la energía renovable (la única posible en el largo plazo, insisto) no tendrá el mismo nivel de disponibilidad energética ni podrá crecer. Es un intento, como digo, a la desesperada y en unos pocos años la producción de gas y petróleo de fracking habrá disminuido más que significativamente porque no es rentable ni económica ni energéticamente. Tendremos que estar atentos a cuál será el siguiente intento de huida hacia adelante (probablemente, el carbón y la biomasa forestal) aunque ya se empezará a dejar amplias capas de la sociedad a su suerte.

Existen grupos que niegan que el fracking sea dañino y se haya convertido en una burbuja más, pero también existen grupos que niegan algo tan evidente como el cambio climático.

En ambos casos se trata de negar que es necesario cambiar porque nuestro actual modelo de hacer las cosas es inviable, y en ambos casos se trata de negar la evidencia. Del cambio climático creo que es huero hablar: miles de publicaciones científicas cada año muestran indicios cada vez más claros de las alteraciones climáticas de nuestro planeta; la última que se está viviendo muy intensamente en los EE.UU. y en el norte de Europa, las oscilaciones cada vez más acentuadas de la Corriente de Chorro Polar (Jet Stream), que provoca alternancias de semanas con olas de frío con semanas con temperaturas más que primaverales, y eso por no hablar de las máximas de temperatura que cada año que pasa son más altas en muchos puntos de la Tierra. En cuanto al fracking, aparte de los comentarios que hizo por ejemplo Peter Vorser, ex-consejero delegado de Shell a Financial Times en Septiembre pasado (“De lo que más me arrepiento es de haber invertido en fracking; ha sido un fiasco económico”) cualquier puede consultar el artículo de Dave Hughes en Nature, aparecido en Febrero también del año pasado, y comprobar como la industria del shale gas perdió sólo en 2012 al menos 13.000 millones de dólares (con pérdidas aún más abultadas en 2010 y 2011). Como explica Deborah Rogers, del Energy Policy Forum, “el fracking no es más que una burbuja financiera orquesta por Wall Street”. Es normal, sin embargo, que quienes obtienen beneficio de esta estafa, alguno de ellos muy buen situado en las esferas de influencia de este país, quiera seguir vendiendo la farsa del fracking con afirmaciones falsas como “EE.UU. ya es autosuficiente energéticamente gracias al fracking”, antes de que la burbuja, que ya está pinchando, se deshinche ostensiblemente.

Respecto al peak-oil, nuestros dirigentes deben ser conscientes de la situación, finalmente, estamos hablando de economía.

La cuestión del peak oil es bien conocida en los ámbitos técnicos y políticos, inclusive en España. El problema de abordar el peak oil es que no hay solución convencional, no hay una alternativa realista a la escala que querríamos si pretendemos mantener nuestro sistema económico y productivo tal cual, puesto que nuestro sistema económico, para funcionar correctamente, tiene que crecer siempre, lo cual implica, también, que el consumo de energía ha de crecer. Justamente cuando la energía empieza a no ser tan abundante (aunque siga siéndolo, y mucho, pero ya cada año un poquito menos que el anterior) la economía deja de crecer y empieza a contraerse. Puesto que nadie quiere oír hablar de replantearse el paradigma actual, se busca en vano esa fuente de energía milagrosa que va a permitir crecer sin cesar y a ritmo exponencial en un planeta finito, con lo que las discusiones dan vueltas en círculo sin nunca avanzar mientras se nos agota el tiempo para reaccionar adecuadamente.

Concienciar a la gente parece no ser suficiente, porque a esas grandes corporaciones el Medio Ambiente no les importa, gestionan la economía desde despachos.

Yo creo que la cosa va mucho más allá. Cuando uno va al banco y pone su dinero en un plan de pensiones, el gestor de ese plan tiene la presión de conseguir que todo el capital que han juntado muchos ahorradores como uno mismo tenga un rendimiento superior a la inflación, y eso le obliga a buscar inversiones que crecen un 5, un 10% anual, y eso de nuevo empuja la rueda hacia adelante en la dirección equivocada. Y, como antes dije, si ese gestor no hace bien su trabajo, si no consigue esos rendimientos, será despedido fulminantemente. La lógica del sistema empuja inexorablemente en esa dirección, sin que la mayoría de la gente lo comprenda y mucho menos sepa qué hacer para pararlo.

El capitalismo tal y como lo entendemos actualmente, parece estar colapsado. ¿Está condenado a desaparecer? ¿Qué modelo de transición podría reemplazarlo?

El capitalismo no está colapsado, pero obviamente el capitalismo tal y como se ha entendido durante las últimas décadas está colapsando. El colapso en un proceso, no un instante, y su culminación puede llevar varias décadas en realidad. Está claro que un sistema de corte productivista, basado en la abundancia ilimitada de recursos y en despreciar las externalidades ambientales, no volverá a ser posible en este planeta durante al menos varios cientos de millones de años, y eso incluye al capitalismo pero también al comunismo de corte soviético. En cuanto hacia qué modelo haremos la transición, es difícil de saber. Una opción simple es el neofeudalismo: unos pocos señores de la guerra controlando territorios no demasiado grandes con un montón de siervos de gleba; esta opción no parece demasiado atractiva, pero determinadas medidas que se están tomando, sobre todo la inacción delante de los grandes retos que tenemos por delante, nos llevan por esta dirección. Mejores alternativas posibles requerirían un equilibrio delicado y complicado entre propiedad privada y gestión del bien común, siguiendo los principios de la economía ecológica y con fundamentos democráticos. La transición no es fácil y según qué decisiones tomemos podemos ir a parar a un sistema o a otro, o incluso a uno diferente que no imaginemos. De ahí la importancia de pilotar el proceso de descenso del capitalismo.

El sector de la población que utiliza energías renovables se siente agraviado con el hecho de que la nueva legislación te obligue a pagar un impuesto por el Sol. Este delirio por buscar ingresos por parte del Estado se transforma finalmente en una penalización.

Hablemos con propiedad: el impuesto, ciertamente excesivo, no es por el Sol, sino por el peaje para interconectar el sistema doméstico con la red eléctrica. La red eléctrica proporciona una estabilidad al suministro doméstico, es capaz de gestionar la oferta y demanda de los sistemas domésticos y permite ahorrar en los costosos sistemas de batería que harían el autoconsumo simplemente inviable económica y energéticamente (téngase en cuenta que el decreto no afecta a los usuarios que tengan placas solares siempre que éstas estén conectadas a una red independiente de la red eléctrica general, pero claro, eso implica las costosas baterías). Es lógico que se pague por el peaje de la red, dado que mantener ésta cuesta un dinero; lo que seguramente es irracional es el precio de este peaje. Yo no creo que se busque tanto ingresos para el Estado como desincentivar la instalación de más placas solares, sobre todo en este caso a nivel doméstico: téngase en cuenta que España tiene una potencia eléctrica instalada de 108 Gw, cuando el pico de consumo eléctrico (que fue en Julio de 2008) fue de 45 Gw y el consumo medio equivale a una potencia de 32 Gw; generalmente se recomienda tener un exceso de capacidad (para poder gestionar que a veces los sistemas están parados por mantenimiento, falta de sol, de viento, etc) de entre un 50 y un 70% de la demanda pico, pero en España este exceso de capacidad es del 140%. Sobra capacidad eléctrica y las grandes compañías, que ven disminuir sus beneficios netos (si se tiene en cuenta la amortización) con la caída del consumo quieren parar esta sangría. Que el Gobierno, éste o el anterior, se pliegue a sus exigencias es una cuestión que transciende el ámbito técnico. En todo caso, conviene recordar que la energía eléctrica es sólo el 21% de la energía final consumida en España, a pesar de que cada vez que se hable de energía se suela hablar de electricidad, como si fueran una y la misma cosa; en España la principal fuente de energía final, con más del 50%, es el petróleo.

Sostienes la teoría del decrecimiento, aquella que argumenta que estamos condenados al decrecer.

El decrecimiento, más que una teoría, es un movimiento político que defiende la necesidad de decrecer, que en el fondo es decir que hay que cambiar el capitalismo, puesto que no hay capitalismo sin crecimiento. Yo no sostengo ninguna teoría ni me declaro adepto a ninguna ideología; yo sólo discuto, basándome en hechos científicos constatados, la imposibilidad física de mantener el crecimiento de la manera actual. Es una cuestión objetiva, no opinable. Cómo se tiene que articular la transición que viene, ésa es ya una cuestión política y no me corresponde a mí proponer las políticas que se deban adoptar.

China, e India, no parece que estén dispuestas a prescindir de los recursos ni a bajar la producción, y no se aprecia que vaya a existir una revolución laboral allí que cambie las cosas. ¿Qué efecto está causando esta aceleración sumada, evidentemente, a la que ya ejercíamos, por ejemplo, desde Europa y EEUU.

Pensar que una revolución laboral puede cambiar el nivel de consumo de China o la India es no entender qué es lo que está pasando con la energía en el mundo. China, India y otros países emergentes albergan las fábricas que suministran muchos de los productos que consumimos en Occidente; una gran parte de su consumo energético, por tanto, es en realidad consumo implícito nuestro. Esta externalización de la producción a otros países (con menor valor añadido y más externalidades ambientales indeseables) sirve para crear la ficción de que en Occidente se está mejorando la intensidad energética, es decir, se generan más dólares de PIB por la misma cantidad de consumo energético. En realidad, si se añade el consumo energético implicado por nuestro consumo, que se nutre de mercancías importadas, la realidad es que nuestra intensidad energética empeora. Creer que la mejora de la intensidad energética aquí es fruto de una revolución laboral y que tal modelo se podría exportar a los que fabrican lo que consumimos es no entender cómo funciona el modelo; en realidad, China e India no pueden seguir nuestros pasos porque no tienen a quién externalizar la masiva producción que ellos asumen actualmente.

Es también engañoso algo que se entiende implícitamente de la pregunta, y es la idea de que ni China ni la India no parecen estar dispuestas a prescindir de los recursos. En primer lugar, si uno analiza el consumo per cápita de energía de un chino es cinco veces inferior al de un europeo y diez veces inferior al de un norteamericano, con lo cual se ve que hay una cierta dosis de cinismo en pedirles a ellos que moderen su consumo cuando nosotros consumimos varias veces más por unidad de población (y eso sin tener en cuenta nuestro consumo de energía implícito). Pero es que encima la mayoría de su consumo de energía y de recursos es para servirnos los productos que consumimos nosotros, así que no son ellos en realidad quienes no están dispuestos a bajar su ritmo somos nosotros. Lo que sí que está empezando a pasar es que su emergente clase media empieza a consumir más, aún a una escala per cápita muy modesta si la comparamos con la nuestra, pero que obviamente se empieza a notar. Lo que está pasando es que como la producción de petróleo está prácticamente estancada desde 2005 los países emergentes, con China e India a la cabeza están aumentando su consumo porque la OCDE, y nosotros en particular, lo estamos disminuyendo (en el conjunto de la OCDE el consumo retrocede alrededor de un 3% anual, con caídas muy violentas como la de Italia, con un retroceso acumulado desde 2005 del 30% o en España desde 2008 del 25%). Es un juego de suma cero: si prácticamente la cantidad de petróleo disponible no ha variado, si ellos suben nosotros tenemos que bajar.

La presión no está sólo sobre el petróleo, sino sobre todas las materias primas. China depende muchísimo del carbón, del cual tiene grandes reservas pero que no son suficientes para sufragar su aceleración económica, y busca activamente uranio y gas. Además, China ha llegado a controlar el 97% de la producción mundial de tierras raras, indispensables para algunas aplicaciones de alta tecnología y para las tecnologías verdes más eficientes. En todo caso, la economía china es ahora mismo una burbuja de grandísimas dimensiones que está a punto de explotar con consecuencias que se sentirán en todo el planeta. Y aparte de eso, es obvio que la presión de las grandes potencias acabará por desencadenar guerras más o menos declaradas por el control de los recursos.

Crees que la pedagogía que están impartiendo actualmente personas como tú en temas centrados en el ámbito de los modelo económico-energéticos tendrá un resultado, o a veces uno se siente como un predicador en el desierto?

Es difícil de saber, pero uno siempre tiene que apostar por la vida, por la esperanza, y perseverar.

¿A qué crees que se debe que no haya más científicos, tan preparados como tú, que no se sumen a estas teorías? Hace falta imponer un poco de cordura.

En realidad hay muchos más de lo que parece e, insisto, el foco de lo que se discute no son teorías sino hechos; se puede especular sobre cuándo exactamente llegará el declive productivo de tal o cual materia prima, pero es indudable que llegará, y más pronto que tarde. No es que no haya quien sepa del tema, y bastante más que yo; es que pronunciarse públicamente le lleva a uno mismo a estar en una posición bastante incómoda. Hay que vencer muchas barreras psicológicas, gremiales y gregarias para acabar diciendo: “Sí, esto es importante; sí, esto se tiene que decir en voz alta”. A mí me llevó casi 10 años superar esas barreras.

¿Piensas que seremos capaces de realizar un cambio inteligente de paradigma?¿O solamente será aceptado cuando no quede otro remedio?

No lo sé. Nuestra ciencia y tecnología nos facilita anticipar el cambio y conducirlo correctamente; nuestro gregarismo y miedo al rechazo, amén de los intereses económicos cortoplacistas, nos lo hacen muy difícil. La Historia, eso sí, muestra que al ser humano le cuesta ser proactivo.

Dicen que los grandes cambios siempre han comenzado por pequeñas acciones, a nivel individual, como un consumo responsable. ¿Confías en el ser humano? ¿Eres optimista?

Sí, eso se dice, pero no es del todo cierto. Aunque pequeñas acciones y un consumo verdaderamente responsable (que va mucho más allá de pequeñas acciones para aliviar nuestra mala conciencia) siempre serán útiles, al menos a la escala personal, hace falta un esfuerzo de muchísima más envergadura. El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Es lo único que tenemos y por eso debemos darle un voto de confianza. Soy optimista desde el momento que me dedico a divulgar el problema en vez de atrincherarme en una masía aislada en medio de la montaña a esperar el colapso.

¿Puedes realizar un pronóstico de futuro?

No, nadie puede. Lo único seguro es que el futuro será complicado y turbulento, pero el curso concreto que tome dependerá por completo de nuestras acciones. 

 Foto de la entrevista: Martí Dacosta

divendres, 13 de desembre del 2013

“La idea es ir de los recursos finitos a los infinitos”


René Ramírez, secretario nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, reflexiona cómo el actual régimen pretende construir una economía basada en el conocimiento y la creatividad del talento humano de los ciudadanos.

René Ramírez. Máster en Economía del desarrollo por la ISS de La Haya, Holanda, entre otros.
Actualmente es Secretario nacional del Senescyt. Foto: Marco Salgado | El Telégrafo

Orlando Pérez Director EL TELÉGRAFO

La naturaleza de la disputa política no se reduce a la lucha electoral o a la búsqueda de espacios en las instituciones estatales. Tras varios debates lo evidente es que si hay una luz al final del camino en la construcción de otro tipo de sociedades, distintas al capitalismo tradicional, esta se iluminará en el terreno del conocimiento.

En América Latina pensadores como Álvaro García Linera o René Ramírez han colocado las pautas para esta discusión más allá de las disputas partidistas. El propio presidente Rafael Correa ha dado pie a debates que sobrepasen el trillado modelo de desarrollo y ha planteado otras formas de concebir el escenario de la equidad, la justicia y el socialismo a partir de búsquedas y encuentros con la sabiduría y el conocimiento.

De ahí que se hace necesario conversar sobre este tema y para ello René Ramírez, actual secretario nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt) e intelectual de profundas reflexiones y propuestas, es la persona que más genera estas discusiones.

¿Qué implica construir una economía basada en el conocimiento? 
Una de las propuestas programáticas centrales de este Gobierno constituye pasar de la economía de los ‘recursos finitos’ a la de los ‘recursos infinitos’. Es decir, de ser un país primario exportador y secundario importador a construir una economía basada en el conocimiento y la creatividad del talento humano de sus ciudadanos y ciudadanas. Los recursos naturales son finitos y perecibles. Las ideas, la innovación, la creatividad y la cultura no tienen -a priori- más límites que los éticos.

Podría entenderse esto como un ‘capricho’ del gobierno... 
No es por capricho que el Gobierno dé tanta importancia a la educación superior y a la investigación científica: becas, crédito educativo, fortalecimiento de las universidades y de los institutos técnicos y tecnológicos, evaluación y acreditación de universidades, mejora salarial de los docentes/investigadores, inversión de casi 2% del Producto Interno Bruto en educación superior, la edificación y financiamiento de Yachay, Ikiam, Unae, Uniarte, etc. Este conjunto de reformas procuran crear el entorno académico e intelectual más propicio para el cultivo de la investigación, la cultura, la ciencia, la reflexión crítica y el conocimiento de punta. En este marco, es necesario trabajar en dos sistemas: el de educación y el de innovación. Este Gobierno, en estos casi siete años, ha avanzado significativamente en el sistema de educación (aunque falta mucho por hacer), pero todavía tiene pendiente construir un sistema de innovación social.

¿Qué componentes tiene este sistema de innovación social? 
El modo en que opera la innovación en una sociedad depende, como siempre, de elecciones políticas fundamentales. En los países de capitalismo avanzado, la innovación va de la mano de las necesidades de acumulación de las grandes empresas y transnacionales. Las universidades y los científicos se adosan a esa dinámica y terminan por investigar según intereses particulares (sin negar que en algunos casos ello puede ayudar a intereses más amplios).

Pero el comercio mundial marca la pauta de lo que se debe investigar y producir. 
En efecto, las actuales reglas de juego del comercio mundial han producido un perverso fenómeno: la “tragedia de los anticomunes”. Este ha involucrado la hiperprivatización, el sobrepatentamiento y la hiperconcentración del capital por parte de aquellas instituciones que financian la investigación e innovación; lo cual ha generado un subuso social del bien conocimiento. Romper con tal tragedia, recuperar el sentido de lo público y democratizar el acceso y usufructo a este bien es el núcleo central de la economía social del conocimiento y del sistema de innovación social. El fin último de la innovación no debe ser la maximización de utilidades sino generar economía que permita satisfacer necesidades, garantizar derechos y potenciar capacidades individuales, colectivas y territoriales.

Para conseguir tales objetivos es necesario desarrollar, como parte del sistema de innovación social, los subsistemas de: talento humano; investigación; financiamiento e infraestructura científica y de innovación; y, de gestión de los derechos de propiedad. Justamente estos cuatro subsistemas plantean una mirada y tratamiento integral del recorrido que sigue la generación de saberes y conocimientos hasta su acceso libre y utilización social.

Rafael Correa señaló que la propuesta presentada implica un cambio entre el enfoque del capitalismo cognitivo y el que ustedes han denominado “economía social del conocimiento”. ¿Cuáles son las principales diferencias? 
El capitalismo, en general, busca privatizar todo, mercantilizar todo. Si pudiera mercantilizar el aire, lo haría (en realidad tengo entendido que ya existen cámaras donde la gente paga por respirar aire puro). No obstante, la naturaleza del conocimiento es su carácter o condición de bien público: no registra ni la exclusión ni la rivalidad de un bien privado. Es un recurso infinito que se puede distribuir libremente con mucha facilidad si no existiesen trabas institucionales. Por ejemplo, un libro o un software se pueden publicar en Internet para que todos hagamos uso de ellos. Por más que una persona lo use no habría, inicialmente, impedimentos para que otros lo hagan. Asimismo, sin barreras ad hoc no habría forma de excluir a nadie de su disponibilidad y usufructo. Esto es justamente el punto central que reconoce y, por ende, norma la economía social del conocimiento.

En el caso del capitalismo cognitivo, este ha construido regulación mundial que viabiliza la privatización y mercantilización del bien conocimiento. Esto se ha procesado a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC), de los Tratados Bilaterales de Inversión o de los acuerdos bilaterales/multipartes de comercio. Es obvio que los países industrializados buscan estos sistemas mercantiles del conocimiento/tecnología dado que ellos son los poseedores de los saberes de punta. Por su parte a los países del Sur nos queda reservado tan solo el papel de “ser consumidores” de la ciencia, la creación y la innovación del Norte.

¿Cuál es la relación existente entre el cambio en la matriz productiva y la economía social del conocimiento? 
Un cambio en la matriz productiva implica un cambio en la matriz cognitiva. Creo que los países del Sur vivimos un segundo neodependentismo; mucho más letal que el primero que se basaba en los bienes industrializados. Esta nueva dependencia se estructura a través del conocimiento, la mente-factura. El mercado y su mano visible, en esta nueva etapa del capitalismo, hace su mayor planificación: programa la obsolescencia y el deterioro de los bienes del mercado. Cuando compramos -por poner un ejemplo- un celular, usualmente la transnacional que lo ha fabricado ya sabe hasta cuándo funcionará, cuándo ofertará su nuevo producto a los consumidores y cuándo quedará obsoleta la tecnología recién puesta en el mercado.

dijous, 21 de novembre del 2013

La mayor cooperativa de consumidores de electricidad verde de España llama explícitamente a la insumisión

[En la imagen, Arcos, obra de Juan Genovés].
El gobierno quiere ponerle un impuesto al sol, que es, según el diccionario de la RAE, el "centro de nuestro sistema planetario". El impuesto, que ha sido ideado concretamente por el secretario de estado de Energía, Alberto Nadal, se llama "peaje de respaldo", aparece en el proyecto de Real Decreto de Autoconsumo que el Ejecutivo Rajoy podría aprobar antes de Navidad y ha sido rechazado por la patronal del sector fotovoltaico, sindicatos como Comisiones Obreras, la Fundación Renovables o el movimiento ecologista nacional en pleno, por poner solo cuatro ejemplos. Pues bien, Som Energía, la mayor cooperativa de consumidores-productores de electricidad verde de España, cree que ese impuesto es absurdo e injusto, y que, ante lo absurdo y lo injusto, "la desobediencia social es un imperativo ético que llama a la insumisión".

Un alto ejecutivo de una multinacional del sector solar fotovoltaico (FV) bromeaba el otro día con este periodista a costa del señor Nadal y su impuesto "astrológico". Hemos contratado un importante bufete de abogados para que estudie qué medidas adoptar frente al decreto de Nadal -decía el directivo con buen humor y mala leche- "y nos han dicho que, para empezar, lo de ponerle un impuesto al sol... nada de nada... porque el sol cae fuera de la jurisdicción del ministerio". Grosso modo, el autoconsumo se resume en “monto unas placas solares en el tejado de mi casa porque voy a ahorrarme un buen dinerito desde el primer día (pues si produzco con ellas cuatro kilovatios... cuatro kilovatios que dejaré de abonar... ahorro que me servirá, además, para ir pagando la instalación), y, una vez haya amortizado la inversión inicial, en siete, ocho años... pues a ahorrar más todavía, porque una instalación solar fotovoltaica puede durar hasta 30 años”. Sí, en eso, grosso modo, consiste el autoconsumo.

FV para pymes 
El caso es que lo que parecía utopía hasta hace apenas un trienio, se ha convertido hoy en una posibilidad muy cierta por un motivo muy concreto: mientras que el precio de la electricidad -la que le adquirimos a Iberdrola, Endesa o Gas Natural Fenosa- ha subido mucho, mucho... los costes de fabricación de las placas solares fotovoltaicas -el coste de la instalación toda- ha bajado mucho, mucho, mucho también. Ello ha propiciado que, en numerosos casos, poner en marcha una instalación FV sobre la cubierta de una nave para autoconsumir la electricidad que generan las placas sea ya un buen negocio. Sí, una buena inversión para muchas pymes: genero tantos kilovatios hora (el 40% de mi consumo total, por ejemplo), los consumo instantánteamente en mis máquinas... y eso que me ahorro (un 40% de la factura, por ejemplo). A lo largo de los últimos meses, así, Energías Renovables ha ido recogiendo ejemplos de gasolineras, cámpings, restaurantes, edificios de oficinas que han ido poniendo en marcha instalaciones de autoconsumo con el único propósito de ahorrar electricidad, ergo euros.

¿Impuesto o impostor? 
Pues bien, el Ejecutivo, en el marco de la amplia reforma eléctrica que ha emprendido, ha redactado un RD de Autoconsumo que incluye un impuesto -al que ha llamado peaje de respaldo- que grava esos kilovatios: los que genera con sus placas solares un particular en la azotea de su casa (o de su nave) y consume, instantáneamente, en el frigorífico de su cocina o en la máquina de su pyme. Y el impuesto es tan elevado, según denuncia en pleno el sector, que los kilovatios que autogenere y autoconsuma instantáneamente el propietario de la instalación (ese 40% del total) van a pagar más por el mantenimiento del sistema -sistema que no utilizan, pues nunca llegan a la red- que los kilovatios que ese particular extraiga de la red. El impuesto, en fin, no grava el frigorífico que consume esa electricidad, no grava el cable que va del frigorífico a la placa y no grava la placa (si uno compra una placa solar FV y no la pone en marcha, nadie le gravará con un impuesto). El impuesto de Nadal grava, sí, el sol.

Escape fotovoltaico O sea, que, tanto más brille el sol sobre la azotea, tantos más kilovatios genere la placa... tanto mayor será el puyazo que recibirá el autoconsumidor. Y claro, el absurdo -gravemos los rayos solares- ha llegado a tal extremo que, al final, ha acabado por desatar una ola de "deSOLbediencia" e insumisión como no se veía en este país desde finales de los ochenta, desde el tiempo pues de la objeción de conciencia y los insumisos en las cárceles españolas. El Ejecutivo, probablemente sabedor de la insensatez de su decreto, ha apostado decididamente por desatar el terror ("terrorismo de BOEstado", acuñó algún empresario del sector). Y ha apostado sin duda por el terror porque incluye en su propuesta de RD multas de hasta treinta millones de euros para los que instalen FV y no registren su instalación. Y ahí el absurdo vuelve a aflorar: la Unión Española Fotovoltaica denunciaba hace unas semanas que esa multa es la misma que le caería a una central nuclear que sufra un escape radioactivo y lo oculte. Huelgan los comentarios.

Una tramitación compleja y absurda -una regulación- que conduce a la insumisión 
A la vista de todo ello, Som Energia, la mayor cooperativa de consumidores de electricidad verde de España (11.000 socios), ha lanzado una campaña por la insumisión. Su discurso es muy concreto: "vemos en la autoproducción de electricidad una oportunidad para poder contribuir fácilmente, desde nuestras casas, a un cambio de modelo, con menos impacto ambiental y que ayude a reducir nuestra dependencia fósil de recursos exteriores". El RD del gobierno nos obliga sin embargo -continúa Som- a pasar "por una tramitación administrativa compleja y absurda, y llega incluso a plantear un peaje por la energía que nunca saldrá a la red". Pues bien -concluyen-, "desde la plena conciencia de que hacer pagar por el uso libre del sol es una injusticia" y, si finalmente se aprueba el RD tal y como está, con peaje de respaldo, "Som Energia hará un llamamiento a la insumisión y pondremos los recursos necesarios, con la colaboración de otras entidades, para dar apoyo jurídico a aquellas personas que puedan verse afectadas".

No están solos 
La cooperativa difunde entre los socios su mensaje sin rodeos: "os animamos a que os planteéis incorporar un sistema de autoproducción en casa y, por ello, colaboramos con diferentes distribuidores de kits, para que nos suministren los equipos en las condiciones más ventajosas". Además -continúa Som-, "acompañamos la oferta de compra con una pequeña guía para resolver las dudas que podéis tener y que os ayuden a establecer cuál puede ser el kit más adecuado para vosotros". Más aún: según Dolors Clavell Nadal, del consejo rector de la cooperativa, "si llegara a producirse una situación que haga necesario un apoyo para hacer frente a esta regulación injusta, Som Energía implantaría un sistema de asesoramiento y ayuda conjunta para coordinar las acciones y asumir de forma colectiva y organizada la defensa de los intereses de las personas afectadas". Además, la cooperativa ya ha anunciado que se coordinará con otras entidades que están emprendiendo acciones de respuesta en la misma dirección. [En la imagen, Arcos, obra de Juan Genovés].

"Ante leyes injustas la desobediencia social es un imperativo ético". Consejo Rector de Som Energia

dilluns, 4 de novembre del 2013

L'eclipsi solar va cobrir el 0,5% de la superfície del sol


Imatge projectada des d'una de les cúpules d'observació / Xavi Arderius

A les 13:24 del diumenge 3 de novembre de 2013 es va poder observar des del Centre d'Observació de l'Univers (COU), al Montsec, com la lluna es situava entremig de la terra i el sol i aquesta tapava un 0,5% de la superfície solar. 
El COU va preparar aquesta jornada per que el públic assistent pogués observar l'esdeveniment a través dels tres telescopis que van instal·lar al pati del centre, des d'una de les cúpules d'observació que projectava l'eclipsi mitjançant miralls d'observació que reflectien la imatge i permetien veure l'evolució en directe o bé amb les ulleres especials que els van facilitar. 

Telescopis per observar l'eclipsi solar/Xavi Arderius
Més informació: 

dijous, 17 d’octubre del 2013

Entrevista a AntonioTuriel ¿Por qué esta crisis no va a acabar nunca?

Antonio Turiel habla sobre los recursos energéticos mundiales, especialmente sobre el pico del petróleo. El declive del petróleo barato y de fácil extracción es ya un hecho y las alternativas son de mucha peor calidad. La elevada dependencia que tiene nuestra economía de este recurso clave hará que la crisis no acabe hasta que no lleguemos a un auténtico cambio de modelo. Entrevista realizada por el Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid, septiembre de 2013. eii.uva.es/energiasostenible


També pots escoltar: 
Escoltar o baixar audio - MP3 (59Mb)  de la xerrada del dia 4 de juliol de 2013 a Cal Gorina
 
Veure el bloc d'Antonio Turiel: http://crashoil.blogspot.com.es


dissabte, 10 d’agost del 2013

"El fracking es una burbuja como la inmobiliaria, sólo que dura menos tiempo"

Raquel Ligero - Castellar del Vallès,  09/08/2013, eldiario.es.
  • Entrevista a Antonio Turiel, científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
  • "Las compañías americanas que se dedican a la extracción de gas de 'fracking' llegaron a perder 10 mil millones de dólares cada trimestre durante el 2010 y el 2011"
  • "Las energías renovables están enormemente sobreestimadas, haciendo las cosas muy bien podemos aspirar a que sólo nos den un 10 o un 15% de lo que consumimos actualmente"
Antonio Turiel, durante la entrevista en Cal Gorina (Castellar del Vallès), en el marco de una charla que
ofreció ante un centenar de personas. /XAVIER ARDERIUS

Antonio Turiel es físico e investigador del CSIC con una firme voluntad transformadora. Los datos le han demostrado que es necesario un cambio radical de rumbo y apostar por otro modelo económico que se aleje del crecer por crecer y, además, a ritmo desenfrenado. Las materias primas se agotan, las energías renovables no generarán suficiente rendimiento para seguir el ritmo del sistema y métodos como el fracking huelen a ‘estafa’. Hay que parar, analizar datos y girar el timón.

Cuando se habla de los motivos de la crisis económica siempre llegamos a las mismas conclusiones: que si la burbuja inmobiliaria, que si los ciclos económicos... Pero usted nos plantea algo totalmente diferente: centra las causas en el sistema energético...

El problema principal con que nos encontramos es la sostenibilidad de nuestro sistema económico. Estamos ante un modelo que se basa en el crecimiento exponencial y sistemático del Producto Interior Bruto (PIB) para generar empleo y lo aceptamos de manera acrítica. Esto implica que cuanto más tienes, más debes aportar. Es decir: con un crecimiento del 2'8% -que se consideraría normal-, duplicas el PIB cada 25 años y esto es un ritmo muy elevado.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), entre otros, corrobora que para que haya un crecimiento de la economía debe haber un crecimiento del consumo de energía. Entonces, para poder crecer a estos ritmos exponenciales, la disponibilidad de energía que consumimos cada año debe crecer también exponencialmente.

¿Y qué pasa cuando estas fuentes de energía están llegando a sus límites?
Debemos entender que los problemas no comienzan el día que se escurre la última gota de petróleo, lo hacen cuando la producción de petróleo no es capaz de seguir el ritmo desenfrenado que nuestra economía requiere. Y esto, de hecho, ha empezado a pasar ya, concretamente en 2005, antes incluso del comienzo oficial de la crisis.

Es lo que se conoce como el peak oil...
Sí, es el momento en que la producción de petróleo ya no sube más y, tarde o temprano, comienza a decrecer. Es una situación que ya no se puede revertir porque para extraer petróleo, que además es cada vez más inaccesible y de peor calidad, se necesita gastar más energía y hay una cosa clara: en el momento en que cueste más energía extraer la materia prima que la que ella nos pueda devolver después, ya no tiene sentido.

Y, como comentaba, hace 8 años que tocamos el límite.
Sí, con el petróleo fue en 2005. Ahora se encuentra en una declinación ligera pero en menos de 5 años la tendencia comenzará a decrecer muy rápidamente. Aún así, existen sucedáneos del petróleo, que no tienen la misma rentabilidad, donde todavía el peak oil está un poco escondido.

El problema, por eso, no es privativo del petróleo. ¿Qué pasa con el gas natural, con el carbón y el uranio?
Estas tres materias primas aún no han alcanzado su máximo, pero se estima que lo hagan de aquí a 2020. Y debemos tener en cuenta que el combinado de petróleo, gas, carbón y uranio espera que alcance su máximo en 2018. Pienso, sin embargo, que comenzará a disminuir antes, ya que para la extracción de estas materias primas se requiere el petróleo y este es el que tiene una peor proyección.

Una de las consecuencias de este horizonte finito de las materias primas no renovables, que suponen el 92% del consumo de energía actual, es la utilización de métodos de extracción cada vez más agresivos, como es el caso del fracking...
El fracking es una estafa a gran escala. Se está intentando vender la idea de que es una fuente de energía que nos liberará de nuestra dependencia energética exterior, cuando en el fondo en los EE.UU. se ha demostrado que ha sido una manera de arruinarse muy efectiva. Las compañías americanas que se dedican a la extracción de gas de fracking llegaron a perder 10 mil millones de dólares cada trimestre durante el 2010 y el 2011, y en 2012, 10 millones de dólares al año. De hecho, la mayoría de empresas que se dedicaban a ello han quebrado.

Parece que estos datos no lleguen aquí... Más bien al contrario...
Fácil. Se está intentando confundir a la opinión pública vendiendo la idea de que esto puede ser una salvación. Pero es un recurso de muy mala calidad, que cuesta mucho de explotar, que puede no ser rentable y que, además, dura muy poco.

¿Y por qué el gobierno catalán y español insisten en dar crédito a esta opción?
Me atrevería a decir que el fracking es una burbuja como la inmobiliaria, sólo que dura menos tiempo. El problema es que tiene unas consecuencias medioambientales que no son despreciables. Escuchar declaraciones del ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, diciendo que es una revolución energética y que supondrá cosas maravillosas para España sólo te hace pensar dos cosas: o está muy mal documentado o...

¿O qué?
Yo me limito a dar datos...

El problema de fondo está claro: vivimos en un mundo finito, pero el sistema económico que nos abarca se basa en un crecimiento infinito. ¿Las energías renovables tienen la clave?
Aquí encontramos otro obstáculo. Las energías renovables están enormemente sobreestimadas. Es evidente que en un futuro a largo plazo no tendremos nada más que eso, pero haciendo las cosas muy bien podemos aspirar a que sólo nos den un 10 o un 15% de la energía que consumimos actualmente. También hay que decir que quizás no deberíamos que consumir tanta, por eso. El problema es que nuestro sistema está viciado desde la base y es lo que tenemos que cambiar.

¿Entonces la única vía pasa por cambiar el sistema, entiendo?
Es evidente. Como no queremos oír hablar de modificar el sistema económico buscamos fuentes de energía milagrosas, pero en el fondo tampoco podrían sostener un ritmo infinito en un planeta finito. Acabaríamos chocando nuevamente contra algún límite. Y no nos detenemos a pensar que quizás el error de base es el propio sistema.

Bueno pues, dibujemos la transición...
Aquí está la gran dificultad. Es relativamente sencillo plantear las características a las que queremos llegar: un sistema de economía estacionaria, de circuito cerrado, con energías renovables y donde todo se optimice al máximo y que se favorezca el cumplimiento de las necesidades y no el consumo por el consumo. Pero el reto es el momento de paso. Pienso que hay que empezar por sensibilizar a la población, porque los expertos ya son conscientes. Lo que pasa es que no se quiere sacar el debate a la calle para no generar miedo y desestabilizar los mercados aún más.

Hay pues, dos grandes retos: por una parte, romper los esquemas preestablecidos de la ciudadanía y, por otro, una cuestión de voluntad política.
Yo no creo que el problema venga de la ciudadanía. La verdadera resistencia es que los poderes económicos creen que tienen mucho que perder -aunque tienen más que perder aún si no se hace el cambio- y se oponen con mucha fuerza a cualquier idea que implique unos límites. Y los políticos están tan influidos por los grandes lobbies de poderes económicos que no tienen margen de maniobra y terminan actuando al dictado.

Ante ello, ¿qué puede hacer la ciudadanía desde la base?
Exigir el cumplimiento estricto de la ley y poner sobre la mesa un debate claro de cuáles son los límites y de la necesidad de un cambio en el sistema.

diumenge, 21 de juliol del 2013

El sector fotovoltaico, anonadado

Energias renovables, 21 julio 2013 

Un peaje que respalda el statu quo

El secretario de estado de Energía, Alberto Nadal, ha firmado un proyecto de real decreto de autoconsumo en el que los impuestos que prevé para quien quiera poner en marcha sobre el tejado de su casa una instalación fotovoltaica van a ser de una cuantía tal que va a resultar más económico seguir comprándole los kilovatios a Unesa que generarlos uno mismo en la azotea. La clave está en el denominado "peaje de respaldo", que es un impuesto que ha inventado el Ministerio -único en el mundo, según fuentes del sector- y que el autoconsumidor deberá pagar precisamente a Unesa (deberá pagar ese impuesto a las distribuidoras aunque su instalación produzca solo para autoconsumo y no vierta un solo kilovatio a la red de distribución).

Lo dice la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), que ha difundido hace apenas unos minutos un comunicado en el que explica que el decreto sobre autoconsumo que está ultimando el gobierno -y que llega, por cierto, con más de un año de retraso con respecto al calendario previsto- propone unas condiciones "que impedirán totalmente" el desarrollo del autoconsumo. Según UNEF, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo (Minetur) frena así "en seco" un mercado que había comenzado a ver la luz en España, sobre todo en los segmentos de la industria y el comercio, que estaban empezando a apostar por instalaciones fotovoltaicas (FV) de menos de cien kilovatios (100 kW) para autoconsumo instantáneo "que conseguían reducir sus facturas energéticas y mejorar su competitividad".

Desorbitado
 La asociación patronal del sector FV considera "totalmente desorbitado" el nuevo peaje de respaldo que se aplicará a la energía autoconsumida instantáneamente, pues encarece el autoconsumo "hasta el punto de hacerlo más gravoso que el suministro eléctrico convencional". El absurdo llega al extremo -viene a apuntar UNEF- de que "el peaje de respaldo puede ser más de cuatro veces más caro que el peaje convencional en el caso de la tarifa doméstica con discriminación horaria" (en algunos tramos el precio del peaje de respaldo equivale a un 450% el peaje de acceso, véase cuadro). Si el Ejecutivo aprueba en estos términos el proyecto de real decreto de autoconsumo, explica la asociación, estará "impidiendo el ahorro a los consumidores y paralizando la entrada de nueva competencia en el mercado eléctrico".

El autoconsumo, la tabla de salvación de un sector asfixiado 
Hasta ayer, una instalación de autoconsumo podía amortizarse en cuatro, siete, ocho, diez años (véanse más ejemplos). Con la entrada en vigor de una norma como esta, el Ejecutivo Rajoy no solo estaría neutralizando el alumbramiento de un mercado alternativo al convencional sino que -según fuentes del sector que prefieren permanecer en el anonimato- podría estar convirtiendo en ruinosas las instalaciones ya ejecutadas (aunque no hay datos oficiales, en España podría haber ahora mismo un parque de sistemas FV de autoconsumo ya instalados y funcionando de unos tres megavatios). UNEF, que no ha reclamado "ningún tipo de ayuda ni de incentivo para el desarrollo del autoconsumo FV", considera que la propuesta del gobierno "elimina la única opción que tenía el sector FV para sobrevivir a corto plazo en España".

UNEF "únicamente" pide reglas justas
En el comunicado que ha hecho público hace apenas unos minutos, la asociación pide "únicamente que se deje a la tecnología competir en el mercado con condiciones justas" para que la industria, el comercio y los consumidores domésticos puedan aprovecharse del ahorro que entraña esta fórmula. Y es que, según UNEF, "gracias a la evolución de la tecnología fotovoltaica –los costes han bajado un 80% en los últimos cinco años– a los consumidores les resulta más rentable el producirse su propia electricidad con paneles solares que adquirir la energía a su suministrador habitual". Así, concluye UNEF, "al amparo de esta realidad tecnológica y económica, y de acuerdo con la normativa vigente, ya se había desarrollado un pequeño mercado de autoconsumo instantáneo enfocado en industrias y comercios" que, con una norma como la proyectada, corre el grave peligro de ser abortado.

dissabte, 20 de juliol del 2013

Industria gravará con un peaje la producción casera de electricidad

JUANA VIÚDEZ Madrid 19 JUL 2013 - El País

Paneles fotovoltaicos en una planta de Coburgo (Alemania). / REUTERS
El Gobierno tiene la determinación de que el autoconsumo energético —producir tu propia energía mediante paneles fotovoltaicos o minieólicos y consumirla en el momento—, se implante de forma muy controlada y sin perder de vista “la compleja situación económica” que afecta al sector eléctrico. El borrador del decreto de autoconsumo —esperado como agua de mayo por numerosos consumidores para ver si se podían ahorrar unos euros en su factura— ha incluido un peaje, denominado “de respaldo”, que, de momento, sube la tarifa de quienes lo utilizan.

El decreto sobre autoconsumo ha llegado con más de un año de retraso. El Ministerio de Industria lo remitió el jueves a la Comisión Nacional de Energía, que tiene 15 días para emitir un informe que será oído, aunque no sea vinculante. 

La redacción del texto reserva al Gobierno la capacidad de subir o bajar la cuantía de este peaje dependiendo de cómo vaya la implantación de estos modelos de autogeneración eléctrica. Uno de los grandes miedos de las eléctricas es que la autogeneración se descontrole y el sistema actual colapse. Las cuantías de los primeros peajes de respaldo se incluyen en el borrador del decreto elaborado por el Ministerio de Industria. Según cálculos de la Unión Española Fotovoltaica (Unef), el peaje de respaldo que se pagará por generar energía en un domicilio será un 27% más alto que si se opta por el consumo convencional y se abona el peaje por el uso tradicional de la red. La asociación, que agrupa a unas 300 empresas y representa a un 85% del sector, critica que se impida el ahorro de los consumidores y se paralice la entrada de nueva competencia en el mercado eléctrico. 

El autoconsumo está consolidado en EE UU o países como Holanda
En los últimos cinco años los consumidores han visto cómo los precios de la tecnología fotovoltaica han bajado un 80%. En un contexto de crisis en el que las tarifas de las eléctricas no hacen más que subir, producir su propia electricidad con paneles solares o molinillos se había convertido en una alternativa de ahorro muy interesante. Se ha desarrollado un pequeño mercado de autoconsumo instantáneo, amparado por un decreto de 2011, en el que se han integrado sobre todo industrias y comercios, que conseguían reducir sus facturas energéticas y mejorar su competitividad. Cuando se apruebe el decreto de autoconsumo tienen dos meses para inscribirse en un registro oficial y comenzar a pagar estos peajes. En caso contrario, se enfrentan al corte de suministro o a sanciones que llegan a los 30 millones.

Aunque en España sea relativamente nuevo, el autoconsumo energético está más que consolidado en países como Estados Unidos (sobre todo en California) u Holanda. Es el camino hacia el que se dirigen las políticas de la Unión Europea. Lo habitual en los países en los que se ha implantado es que se incentiven estas prácticas bonificando los peajes, permitiendo a los consumidores que viertan energía a la red y la recuperen cuando la necesiten u ofreciéndoles la posibilidad de venderla a la compañía eléctrica, algo que no ocurre aquí.

El decreto nombra las bondades del sector renovable y la eficiencia energética, así como las múltiples directivas europeas que las promueven. Sin embargo, no esconde que se busca una “evolución gradual” del autoconsumo que no atente contra el conjunto del sistema eléctrico. Habla de “dirigir” el desarrollo de este “novedoso mecanismo” y considera un “reto adicional” su integración en el sistema.

La energía sobrante que se vierta a la red no será remunerada
El Gobierno del PP considera que tener muchos puntos que puedan emitir energía puede ser beneficioso para un sistema de grandes centrales como el español, sobre todo en lo relativo a las pérdidas de red —que suponen entre un 10% y un 15%—. Acto seguido subraya que la generación distribuida (tener muchos productores de electricidad) no reduce los costes de mantenimiento de transporte y distribución, ni los costes ajenos al suministro que se incluyen en los peajes de acceso. “En algunos casos podría provocar costes de inversión adicionales en las redes para adecuarlas”, justifica.

La venta de excedentes energéticos —facilitar que se venda o intercambie la energía que no se utilice— se contempla como un “objetivo”, pero no se ha desarrollado. De hecho, el texto especifica que las cesiones de energía eléctrica a la red pública “no podrán llevar aparejada contraprestación económica”. La modalidad conocida como balance neto —que consiste en aportar energía sobrante a la red para luego recuperarla cuando se necesite en la misma cantidad— no se contempla de momento.

Otras tecnologías, como la cogeneración, consiguen salvarse de estos peajes hasta el 31 de diciembre de 2010. “Se trata de excepciones”, explica David Arzoz, vicepresidente de la asociación de empresarios Cogen España. “Las plantas que estaban vendiendo energía podrán continuar hasta este plazo, pero las que hacían autoconsumo y las que se construyan tendrán que pagar este peaje y ya no será rentable”, añade el representante de esta asociación especializada en cogeneración.

divendres, 19 de juliol del 2013

Producir la electricidad cuesta una cuarta parte de lo que pagamos

Publico.es - VICENTE CLAVERO Madrid 16/07/2013 07:00  

El precio de la electricidad no ha dejado de subir en los últimos años.- EFE


El recibo de la luz se ha encarecido un 8% con Rajoy. Vuelve a subir por la nueva reforma eléctrica del Gobierno.


De cada euro que los españoles pagamos por el recibo de la luz, apenas veinticinco céntimos corresponden al coste de generar la electricidad necesaria para el suministro. El resto es imputable a conceptos como el transporte, la distribución, la gestión comercial y los gravámenes que el Estado impone, cuyo peso sobre el total ronda el 50%. Uno de los elementos más perturbadores en los últimos años ha sido el llamado déficit de tarifa, que permite moderar la subida de los precios con criterios políticos, a cambio de encarecer la factura en el futuro. El déficit de tarifa, creado cuando Rodrigo Rato era vicepresidente económico, acumula ya 26.000 millones de euros y representa casi una décima parte del importe del recibo de la luz. 

Reforma eléctrica
Para evitar que continuara creciendo, el Gobierno de Rajoy adoptó el año pasado una serie decisiones presupuestarias y fiscales, completadas en el último Consejo de Ministros con una reforma eléctrica que no ha contentado a nadie. En virtud de ella, el déficit de tarifa previsto para 2013 se va a reducir en 4.500 millones, que se suman a los 6.000 derivados de las medidas puestas en marcha en 2012. De esos 4.500 millones, 1.800 los vamos a pagar entre todos, ya sea en calidad de consumidores (900) como de contribuyentes (otros 900), y los 2.700 restantes correrán por cuenta de las compañías productoras, que verán reducida la retribución por sus redes de transporte y distribución y las primas a las renovables.

La modificación del régimen regulador de esas primas es uno de los elementos más controvertidos de la reforma, porque va a frenar la implantación de algunas energías alternativas y supone un quebranto para quienes invirtieron en ellas al calor de las fuertes subvenciones establecidas. Pero, según fuentes del sector, la situación actual es insostenible por el espectacular crecimiento que las renovables han tenido en nuestro país, pues no en vano hoy aportan 4.000 megavatios de potencia al sistema, cuando la previsión inicial eran 400. Las mismas fuentes atribuyen ese sobredimensionamiento a una legislación demasiado flexible y a la falta de controles suficientes para evitar el fraude, muy concentrado en las fotovoltáicas. 

Pagan los consumidores
Las primas representan alrededor del 20% del recibo de la luz y se ha reclamado reiteradamente a los gobiernos que sean sufragadas a través de los Presupuestos, pues responden a una decisión política, independiente de la voluntad de los consumidores. Ni Zapatero en su momento ni Rajoy desde que llegó a La Moncloa han aceptado esa posibilidad, amparándose en el perjudicial impacto que tendría sobre el déficit público. Rajoy, en concreto, ha preferido cortar por lo sano y limitar las primas, a sabiendas de que podría meter al Estado español en una espiral de demandas, dado que los damnificados pueden alegar que así se vulneran los derechos que contrajeron al realizar sus inversiones.

Si a las compañías productoras no les ha gustado la reforma, y su evolución en Bolsa durante los últimos días es la mejor prueba de ello, tampoco los consumidores pueden estar satisfechos, toda vez que conlleva un aumento del precio de la electricidad del 3,2%, el segundo en lo que va de año. Desde que gobierna el PP, el recibo de la luz ha subido un 8%, lo que sitúa a España entre los países más caros de la Unión Europea, sólo precedido por Irlanda y Chipre, lo que no sólo supone un agravio para los ciudadanos, sino también un importante obstáculo para la competitividad, porque la energía es uno de los principales costes a los que deben hacer frente la inmensa mayoría de las empresas.

dimecres, 23 de setembre del 2009

El sector renovable pot crear gairebé tres milions de treballadors més que els fòssils fins a 2030



Basat parcialmente en una investigació de l'Institut per a un Futur sostenible de la Universitat Tecnològica de Sydney, Austràlia, el novaestudio, elaborat per Greenpeace i pel Consell EUropeo d'Energies Renovables, urgeix als governs elaborar un gran pacte per a combatre el canvi climàtic el desembre a Copenhaguen.
Els resultats mostraven que el canvi cap a un model energètic que utilitzi més les energies renovables no solament salvarà el medi ambient, sinó que crearà gran quantitat de llocs de treball. L'informe afirma en concret que "substutuir el carbó per les energies renovables no solament significarà evitar l'emissió de 10.000 milions de tones de CO2, sinó que a més es crearan 2,7 milions de llocs de treball a tot el món per a 2030, amb el ritme de creixement actual".

L'informe aporta algunes dades, com que la indústria de l'energia eòlica ja és el segon consumidor d'acer d'Alemanya, després del sector automobilístic.

Font: Perth Now

No cobren prou els càrrecs electes de Castellar?

Xavi Arderius En aquest enllaç pots veure un pdf amb el que cobren els polítics de Castellar En els plens de desembre de 2025 i gener de 202...